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Entradas con etiqueta ‘Ruiz-Gallardón’

¿Financiación irregular?

Jueves, 26 Febrero 2009

Es probable que ni el propio PP, absorto en la vorágine de su particular e inútil guerra contra Garzón –es evidente que ningún juez admitirá una querella contra el magistrado por prevaricación al instruir un sumario sobre un estrepitoso caso de corrupción- se haya percatado de que la inculpación del tesorero del Partido Popular, el senador por Cantabria José Luis Bárcenas, hombre de la completa confianza de Mariano Rajoy, en el “caso Gürtel” supone un gravísimo quebranto para el partido. Y representa un salto cualitativamente grave de la responsabilidad del propio PP en el escándalo.

Hasta que se conoció esta supuesta ramificación del caso, que alcanza al núcleo de la financiación del Partido Popular, el problema de Rajoy era, por así decirlo, periférico. Algunos conmilitones desaprensivos cedieron a la tentación de prevaricar a presiones de la trama de tráfico de influencias dirigida por Francisco Correa, un hábil embaucador que llegó a ser padrino de boda de la hija del presidente Aznar en la inefable boda escurialense. De haber permanecido el caso en este ámbito, hubiera bastado con seccionar los vínculos con las zonas de tejido corrupto para sanear el tronco del partido. Pero los últimos elementos de la investigación sugieren –es obvio que estamos en fase incriminatoria, por lo que todo son hipótesis todavía- que una parte importante del dinero público distraído por los corruptos y sus instigadores habría ido a parar a las arcas del partido. Según las filtraciones de la denuncia presentada ante Garzón, estaría grabada en una cinta magnetofónica la voz de Correa reconociendo que habría entregado a Bárcenas mil millones de pesetas por adjudicaciones de obras de la época en que Álvarez Cascos era ministro de Fomento. Al parecer, durante aquel periodo, empresas de Correa lograron casi cinco millones de euros en decenas de contratos de AENA.

Frente a esta imputación, que lógicamente ha de contemplarse desde el prisma de la presunción de inocencia, el resto de las tramas y escándalos con que ha de enfrentarse el PP, tanto en el “caso Gürtel” como en el asunto del espionaje, queda reducido a simple farfolla que enmarca la cuestión central: la posible financiación irregular del PP. Los análisis que vinculaban el liderazgo de Rajoy a los resultados electorales del 1-M y de las europeas, así como al desenlace de las convulsiones judiciales en las comunidades de Madrid y de Valencia han perdido consistencia y se han relativizado: la crisis del PP es más seria y no depende de circunstancias anecdóticas. Los catarros de Madrid y Valencia pierden importancia ante la evidencia que de que el aparato de Génova podría padecer una gangrena.

La coyuntura del PP es delicada, con el agravante de que la Justicia es proverbialmente lenta, por lo que los problemas de corrupción tendrán un largo desarrollo. Así las cosas, Rajoy no tiene más remedio que tomar las riendas de la situación, aplicar la cirugía política necesaria –la judicial ya la aplicarán los jueces- y urgir una catarsis basada en nuevas legitimidades que sólo pueden provenir de un proceso congresual. El PP no tendrá más remedio, en fin, que convocar cuanto antes un Congreso extraordinario que sirva a la vez de revulsivo y de terapia a un partido que, evidentemente, ha perdido el norte y necesita recuperar el rumbo y el tino. Y en las actuales circunstancias, todo indica que habrá de ser el propio Rajoy, con el respaldo de Gallardón, quien tome las más graves iniciativas.

La clave está en Galicia

Mircoles, 25 Febrero 2009

Por una cierta perversión de la política que no es exclusiva de nuestro país, lo verdaderamente relevante de las elecciones parciales –en este caso las autonómicas vasca y catalana- es su repercusión en la gran política del Estado. Y aunque pueda merecer reproche esta desnaturalización evidente del voto ciudadano, no tiene sentido desconocer que, salvo en Galicia y en Euskadi, lo que realmente importa a los grandes actores de la política española tiene poco que ver con los intereses de los ciudadanos de ambas comunidades y mucho con las consecuencias de mayor calado que se deriven de ambas consultas.

Si así se ve y así se entiende, resulta que el verdadero juego de poder está en Galicia, la patria chica del líder popular, Rajoy, y del vicesecretario general socialista, Blanco. Rajoy, con su liderazgo vacilante, llegó a la campaña electoral gallega en situación aparentemente terminal, con dos frentes político-judiciales abiertos, el “caso Gürtel” y el del espionaje en Madrid. El craso error de Bermejo le ha dado sin embargo inesperado oxígeno, y la dimisión del ministro de Justicia –siempre las dimisiones son ambivalentes- ha puesto por un momento la pelota en el tejado popular. De hecho, Rajoy parece haber conseguido acopiar una euforia contagiosa en el último tramo de la campaña gallega –las encuestas dan “empate técnico”-, aunque en cualquier momento las malas noticias judiciales pueden dar al traste con el optimismo.

La campaña activa de Rajoy está consiguiendo además sacar a la luz las contradicciones, en algún caso insalvables, de la coalición gallega que ha gobernado estos cuatro años. Como también sucede a otra escala en Cataluña, la alianza entre el independentismo y el socialismo plantea muchas dudas al electorado y a la opinión pública en general. Y, de hecho, ha sido chocante la rectificación de última hora que ha enunciado el presidente gallego, el socialista Pérez Touriño, de la política lingüística  practicada hasta ahora, inspirada por el BNG y calificada de sectaria por muchas voces moderadas.

Lo cierto es que si Rajoy consiguiese la mayoría absoluta –los 38 escaños o más- del Parlamento gallego, saldría claramente triunfador de la prueba del 1M. Porque, además de la victoria objetiva en su feudo, habría demostrado que los electores piensan que Rajoy no se ha contaminado con los casos de corrupción de su alrededor, que sí salpican en cambio a otros aspirantes al liderazgo popular. En definitiva, el tándem Rajoy-Gallardón se habría impuesto –Aguirre y Camps ni siquiera están en las campañas-, y ello permitiría al presidente popular llevar a cabo sin contemplaciones la cirugía profunda que necesita el PP para dejar atrás los mencionados episodios de corrupción y sus posibles metástasis.

En este supuesto de una victoria popular, el PSOE se vería obligado a revisar sus afinidades políticas con el nacionalismo (algo que también habrá de hacer en todo caso, y por otras razones, en Euskadi) y el vicesecretario Blanco, cabeza visible del PSOE en la campaña gallega, que cumple un papel impreciso entre Leire Pajín y Zapatero, quedaría ‘tocado’. Quizá fuese entonces la ocasión de que el presidente Zapatero lo llevara al Gobierno para concluir así la completa renovación de la estructura socialista de Ferraz, con todo el poder para Pajín.

Todas estas reflexiones, que sin duda circulan por los mentideros políticos, tienen sin embargo un corolario penoso: el gran afán de la clase de política continúa teniendo poco que ver con el drama de fondo que es la crisis.  

¿La hora de Gallardón?

Lunes, 16 Febrero 2009

Los dos escándalos que padece el PP, el del espionaje en el seno de las instituciones autonómicas y el “caso Gürtel” que abarca las complejas y delictuosas relaciones de Francisco Correa con dirigentes populares, están salpicando manifiestamente a Rajoy y a los líderes de las agrupaciones regionales del partido en que se han desarrollado los hechos, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre y el de Valencia, Francisco Camps. Es pronto para conocer todas las ramificaciones y repercusiones de dichos asuntos, que aún están en las fases iniciales de sus correspondientes procesos judiciales, pero ya parece inevitable que la imagen de quienes rigen los destinos del partido en los ámbitos en que actuó Correa quede irremisiblemente desgastada.

Así las cosas,  la figura que aparece hoy intacta en el trasfondo de la crisis popular es la del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Así lo han visto los medios, y así parece haberlo entendido también el Partido Socialista puesto que ha hecho ya algunos gestos de preocupación. Efectivamente,  Gallardón representa al ala más centrada del PP, y desde esta ubicación ha logrado sucesivos éxitos electorales impresionantes, mayorías absolutas tanto en la comunidad de Madrid como, después, en el ayuntamiento capitalino. Tiene la enemiga del sector más radical de los populares pero, a cambio, atrae incluso a sectores del centro-izquierda, que ven en él a un moderado, buen gestor y con una gran capacidad de diálogo.

La posición actual de Rajoy es inquietante. La debilidad de su liderazgo le impide llegar a acuerdos con el Gobierno y lo lleva a abordar la grave crisis con las únicas armas de la crítica abstracta y sistemática a la acción gubernamental, sin ofrecer opciones alternativas creíbles, y esta postura negativa, que irrita a los ciudadanos, le pasará factura. Y si a los escándalos actuales se le añaden resultados mediocres en las próximas consultas electorales, su sillón podría derrumbarse. 

Llegados a este punto,  podría haber llegado la hora de Gallardón. Y no es en absoluto desdeñable la posibilidad de que sea el propio Aznar quien acelere el golpe de timón. Aunque la relación entre el ex presidente y el alcalde de Madrid ha tenido fases tormentosas, Aznar siempre ha reconocido la gran capacidad de aquél, una criatura política de Manuel Fraga que siempre tuvo ideas claras sobre sus ambiciones. No es relevante pero sí significativo que el equipo de Gallardón esté encabezado por Ana Botella, esposa de Aznar. Y el PP ya tiene una pequeña historia de “refundaciones”: Aznar fue fruto de la que llevó a cabo en 1989 Fraga con mano de hierro para sustituir a Hernández Mancha.

Gallardón es un político con ideas y arrojo que ha entendido la política más como conciliación de intereses que como un juego de rivalidades irreductibles. Representa, en fin, una derecha moderna, laica, liberal y pragmática que es, por ello mismo, detestada por el ala más conservadora de su partido. Pero probablemente, en esta hora, sea el único personaje capaz de llevar al PP al gobierno del Estado. Y esta evidencia podría desarbolar las resistencias de Aznar a defender su opción, e incluso convencer a las bases populares de que no tienen otra salida. 

Naturalmente, estas especulaciones se supeditan a los acontecimientos inminentes: las consultas de marzo y junio y los avatares judiciales pendientes. Pero las aguas del PP fluyen sin duda por el cauce apuntado. El tiempo colocará cada hito en su lugar.