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El presidente de la FIFA, no contento con dejar boquiabierto al Manchester United por su supuesta esclavitud moderna hacia Cristiano Ronaldo, ha vuelto a exhibir su don de la impertinencia en el affaire Leo Messi. La estrella argentina desea jugar los Juegos Olímpicos con su país. Es su obsesión del verano, sobre todo después de la ominosa temporada que ha vivido con el Barça. Sin embargo, el club azulgrana no está dispuesto a prestar su mayor activo para jugar unas Olimpiadas que coinciden con la previa de la Liga de Campeones, primer momento clave de la temporada del Barcelona.

Ambas actitudes son razonables: las ansias de Messi por ir a Pekín son lógicas, entendibles y nada reprochables para un crack que está en edad óptima para hacer esfuerzos denodados. El argentino es consciente de que su participación con la albiceleste la convierte en favorita indiscutible con el permiso de Brasil. Pero claro, el Barça que aspira al resurgimiento no tolerará recibir la primera bofetada y más en los despachos. Messi tiene contrato con el Barça y por tanto, debe atenerse a las directrices del club. Y como no existe ningún reglamento FIFA que sentencie a favor de los designios de Messi, ha vuelto a salir el convidado suizo de piedra para hacer un guiñó al Comité Olímpico Internacional y deplorar el talante del Barcelona.

Otra vez Blatter. En las oficinas de la FIFA debe cundir el sopor para que su máximo mandatario no haga otra cosa que alborotar en asuntos que no son de su conveniencia. Su opinión a favor de que Messi vaya a Pekín, en consonancia con la Federación Argentina (AFA), delata su parcialidad cuando su cargo exige todo lo contrario, prudencia y neutralidad. La FIFA y la AFA han creado un problema de la nada. La actitud del Barça es lícita y legal: Messi es propiedad del Barça y éste obliga a su jugador, a su empleado, a comprometerse con su equipo desde ya. Además, el reglamento FIFA, que Blatter debería conocerse al dedillo, avala la posición de los azulgranas. Punto y final. Más claro no puede ser. Messi quiere jugar con Argentina pero su club, el que le paga, le necesita para afrontar el primer choque crucial del nuevo curso. Ya habrá más Juegos Olímpicos para que el fenómeno argentino se exhiba. Aunque Messi pensará que no luce tanto una eliminatoria de mediados de agosto contra un equipo de medio pelo como poder ser el protagonista del acontecimiento deportivo más importante del mundo.

Si la todopoderosa y modélica FIFA, a través de su cabeza visible, no es capaz o no quiere entender la sencillez del asunto, entonces, ¿en qué manos está el fútbol mundial? La incontinencia verbal de Blatter está estragando el decoro y la reputación que su organización ha acumulado durante años. Ah, bueno, y para que no falten nuevos enredos, el genio Diego Armando Maradona achaca a Messi, el empleado del Barça, que no tiene suficiente carácter para reclamar al club español su participación olímpica. Por tanto, según Maradona, ¿qué debería hacer su compatriota? ¿enfadarse y afrentar la orden de su club? Messi, se un crack no sólo con la pelotita.

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2 respuestas a “”

  1. Aligator dice:

    Los clubes pagan a los jugadores. Así que los futbolistas que obedezcan y ya esta

  2. tonipirulas dice:

    Parece mentira que con la multitud de clausulas que aparecen en los contratos de un futbolista (me imagino, que no lo se) y lo largas que son las negociaciones para fichar, no se tengan en cuenta las posibles cesiones a las selecciones nacionales. Claro, que mas raro aun es que no haya una norma bien clarita acerca de la obligatoriedad o no de ceder a un jugador a una selección para el compromiso que sea

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