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Divina epopeya blanca

rmadrid-valenciaEl Madrid volvió a apelar a su mística, ésa que sólo se vive y se siente en el Santiago Bernabeu. Anoche, cuando los blancos deambulaban por el césped a merced del Valencia, el campeón liguero se ciñó a la épica, poesía patentada en Chamartín. Los merengues sufrieron todas las adversidades posibles: desventaja en el marcador, inferioridad numérica y mal arbitraje. Sin Van der Vaart y Van Nistelrooy, ambos expulsados, los nueve restantes se erigieron en héroes que asombraron y enorgullecieron a su público. Liderados por un excepcional Arjen Robben y por una afición bulliciosa, los locales porfiaron en golpear al Valencia hasta noquearlo. Por cierto, pasará mucho tiempo hasta que los ché sepulten su pesadilla de la Supercopa. Será muy difícil, por no decir imposible, que los valencianistas tengan una oportunidad similar de dejar en evidencia al Madrid en el Bernabeu.

La gesta del Madrid sepultó el huracán desatado por Robinho. Definitivamente al brasileño se le ha borrado la sonrisa. Anoche, no se atrevió a asomarse desde el banquillo por miedo a un abucheo monumental y durante la celebración del título se confirmó lo que ya ha declarado: su mente está en Inglaterra, concretamente en el Chelsea. Sería muy complicado que volviese a pensar en blanco merengado. Pero con o sin Robinho y aun con la exhibición de la Supercopa, este equipo necesita imperiosamente fichar un delantero. Ayer, Raúl no tuvo suerte, Van Nistelrooy aportó un gol pero fue expulsado, y esta clase de milagros no sucederá todos los domingos. Resulta extraño pero el Madrid se rige por un único patrón futbolístico: no juega un pimiento (tened la paciencia de volver a ver la primera parte de anoche) pero espabila por impulsos cuando parece noqueado. El coliseo blanco alberga un aura especial, un hálito de orgullo que insuflan los jugadores para reanimarse. Desde hace dos años, nos hemos acostumbrado otra vez a las legendarias remontadas blancas. Aquellas ocurrían en Europa, éstas en España. Pero da lo mismo, ir al Bernabeu o ponerse delante de la tele para ver al Madrid no es disfrutar de fútbol magistral, es adentrarse en una montaña rusa de emociones. Aunque no es casualidad que el final siempre sea igual: un Madrid victorioso.

En definitiva, el Madrid ostenta una idiosincrasia especial. Lo saben la mayoría de sus rivales. Ésos que tutean a los blancos y ésos que, ingenuos de sí mismos, los dan por vencidos. Este Madrid vive del desorden, reacciona a palos, gana sus combates a los puntos y lo que sigue cuidando como un tesoro es su divina epopeya. Que siga así por los siglos de los siglos.

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Una respuesta a “Divina epopeya blanca”

  1. Ramón Calderón dice:

    Cuando quiere, el Madrid arrasa a cualquiera

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