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Espeluznante contraste

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Todo simuló estar pactado. El decurso del partido pareció ejecutarse merced a un plan pergeñado hace meses, cuando Atlético y Liverpool supieron que se enfrentarían en la liguilla de Champions. De otra forma, nadie se explica el bajón que sufrieron los ingleses en la segunda parte. Extraña que la desatención británica fuera psicológica teniendo a Mister Rafa Benítez como el adalid del coraje y la motivación. Entonces, si se descarta tal opción, no queda otra que reconocer y alabar los aciertos que Javier Aguirre sí se mereció anoche. El entrenador mejicano atinó la estrategia en la reanudación. Sin tener que devanarse los sesos con complejos algoritmos, Aguirre dio con la solución más simplona a la par que adecuada: sacar al campo al mejor futbolista del equipo, dicho y hecho. La sola presencia de Agüero inquietó a la ordenada defensa del Liverpool.

Por arte de magia, o más bien por temor inglés, el reloj suizo que Benítez había puesto en funcionamiento en la primera parte, se detuvo y nunca más volvió a funcionar. Quizá con Fernando Torres la segunda parte habría sido otra historia porque la defensa achacosa del Atlético concede al rival oportunidades de todos los colores y ya se está convirtiendo en una fea costumbre.

La UEFA también hizo lo suyo. Advirtió que vigilaría las gradas del Calderón, butaca a butaca, y ahí se encontró de sopetón con un hermanamiento ejemplar entre las dos aficiones. Pero no le había bastado con asustar al Atlético mediante ese estúpido y alevoso ademán de sanción, tenía que seguir estirando la cuerda. El señor Michel Platini y sus secuaces designaron al danés Bo Larsen como árbitro de la contienda, para perdición del trencilla. Larsen fue malísimo y sus linieres, peores. La casualidad o la premeditación, ya me creo cualquier cosa, desbordaron el partido con polémicas a granel: el gol de Keane en fuera de juego fue validado, el tanto de Benayoun fue correcto pero no subió al marcador, Maniche marcó tras recibir el pase un metro por detrás del defensa y sorprendentemente, o no, vimos que el banderín amarillo fosforito estaba alzado. Por lo menos, al árbitro no le quedaron excusas que inventarse para anular el empate de Simao. Por cierto, el portugués gana cada día más relevancia en el equipo. Responde en los partidos grandes, así que Aguirre no se atreverá a hacer experimentos con gaseosa en su banda, esperemos.

Aún se puede confiar en este Atleti. Se recupera como el boxeador casi noqueado que se faja con un puñetazo y vuelve a dar emoción al combate. El peligro es que el contraste del equipo es espeluznante: en las primeras partes tira su guión a la basura y en la segundas, espabila a impulsos. Lo meritorio sería que Aguirre escribiese una historia interesante que durase noventa minutos. Entonces, los criticones recalcitrantes sabrían otorgar al César lo que es del César. Tiempo al tiempo.

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2 respuestas a “Espeluznante contraste”

  1. Orfeo dice:

    Vanaclocha, el árbitro robó al Atleti, dilo claramente. La UEFA no vas a mandar a paseo

  2. atlético confeso dice:

    Vanaclocha… muy bueno… me gusta el tono revanchista, aunque quizá deberías repasar algún poste anterior especialmente humillante… de acuerdo con Orfeo: no pasa nada por reconocer directamente el atracouefarbitral!!!

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