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¿Será peor el remedio que la enfermedad?

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Patas arriba debe estar la selección argentina de fútbol para que la federación haya recurrido al entrenador Maradona, y no en última instancia. Al ‘pelusa’ le llega su oportunidad pero, a pesar de su más que probada popularidad social, la inexperiencia como técnico no ha sido obviada por quienes le siguen considerando no un ídolo, sino el ídolo. Los argentinos, que de fútbol se las saben todas, entienden lo que es jugar, que uno de los suyos haya sido el mejor de la historia, y también de entrenar. Ahí está esa pléyade de filósofos que empezó con César Menotti y quizá haya acabado con Diego Simeone. Todos ellos con su librillo de maestrillo y en el que el denominador común sentencia que el fútbol es la esencia de la vida. Maradona esta excluido de tal grupo. Primero, porque su trayectoria en los banquillos es casi nula y debía haberse fogueado como técnico antes de aceptar la propuesta de su federación. La sombra de Diego es muy alargada pero en el césped, no en el banco. Y segundo, porque Maradona no se expresa con pleonasmos ni metáforas para confesar lo que le gusta o detesta de este deporte.

Maradona se encuentra ahora en el otro frente. Ya no debe cumplir disciplina, tampoco lo ha hecho nunca, sino aplicarla. Ya lo dijo el ‘virrey’ Bianchi: “lo difícil desde el banco no es saber de fútbol, sino saber comunicarlo”. No dudo que el mejor jugador de todos los tiempos guarde conocimientos sublimes pero en su caso, hacérselos entender a sus pupilos será el verdadero reto. Maradona ha sido lo más grandioso que ha salido del fútbol y sus éxitos siempre han estado más motivados por su asombroso talento con el balón que por su forma de ver el juego. Es en este último aspecto en el que el nuevo míster de Argentina tendrá que dar la talla. El combinado albiceleste ha sido un ‘gigante anestesiado’ desde que el propio Maradona dejó boquiabierto al mundo en Méjico 86. El atrevimiento de la federación argentina va más allá de un experimento para calibrar la relevancia pública que pueda tener Maradona en el banquillo, su osadía tiene un fin: recuperar el trono mundial dos décadas después. Si Diego fracasa con estrépito, no es seguro que sus feligreses le concedan una segunda oportunidad.

Por el momento, Maradona ha actuado con sentido común. Ése debe ser su imperativo, nada de decisiones alocadas. Para los próximos amistosos no convocará a su yerno Agüero, a sabiendas de que debe cuidarlo físicamente para después exprimirle en los envites de peso, ni a Leo Messi, concebido por el propio Diego como su sucesor. En el caso del barcelonista, el flamante seleccionador ha sido habilidoso por respetar el pacto entre el Barça y Argentina para que Messi juegue con su país lo justo y necesario. A partir de esta semana, no será extraño ver a Maradona coger su particular puente aéreo Argentina-España para ojear potenciales ‘barriletes cósmicos’. En su equipo técnico, dispondrá de la inestimable ayuda de su amigo Carlos Bilardo, otrora entrenador suyo tanto con Argentina como en Sevilla. Bilardo asume la función de director deportivo, como Fernando Hierro con España. Pero sinceramente, dudo de la eficiencia de los directores deportivos de las federaciones. Para seguir futbolistas, ya se encargará Maradona en persona.

Finalmente, Diego deberá aprender rápido dos conceptos: paciencia  y decoro. El primero para saber aguantar las envestidas de sus detractores, que los habrá y muchos si las cosas vienen mal dadas. Antes de obsesionarse con un modelo de juego vistoso, Maradona deberá ser pragmático, afianzar una buena racha de resultados. Y por supuesto, su responsabilidad con su país es ahora mayor que la que asumió como jugador. De sobra es conocida la vehemencia del ‘pelusa’. La selección es una bonita ocasión para que sepamos si Maradona ha aprendido a actuar más con la cabeza que con el corazón, en sus manos está.

 

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2 respuestas a “¿Será peor el remedio que la enfermedad?”

  1. Pizer dice:

    Maradona la cagará. No es lo mismo jugar que entrenar

  2. Rafiña dice:

    Si el mejor futbolista de la historia es criticado sin haber entrenado, apaga y vámonos

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