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Un país enamorado

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Paso a la mejor selección, ¿del mundo? Ningún equipo sabe jugar al fútbol como España, así de claro. Ni siquiera la temible Argentina de Maradona,  con Messi de arcabuz, lee el juego de forma tan nítida como la ‘Roja’. No me cansaré de agradecer a Luis Aragonés su inolvidable gesta. Y no me refiero a la consecución de la Eurocopa, bueno eso también, sino a ese estilo tan perfecto que inculcó a los jugadores en Austria. Por fin sabemos a lo que jugamos; tenemos alternativas para contrarrestar cualquier táctica rival, sea de toque, patadón, contragolpe o de simple derroche físico. Así da gusto contemplar un partido de fútbol.

Inglaterra vino a cortarnos las alas. Capello tapó las bandas con futbolistas rápidos para ahogar a los extremos españoles, éstos se percataron de inmediato de la pillería británica y entonces, ahí surgieron Iniesta, Xavi y Xabi Alonso para agujerear la columna vertebral de los pross. La sola presencia de Iniesta es un tributo al fútbol. Su encargo no consiste en hacer quiebros, asistencias o disparos, pues semejante espectáculo circense corresponde a Villa o a Torres. El centrocampista del Barça vela porque el juego nunca cese. Posee el don de la ubicuidad y de ello se aprovechan sus compañeros. Que hace falta ayudar por delante de la defensa, ahí está Iniesta; que hay que echar una mano a Xavi si éste se atora, el manchego es la solución. Si Capdevilla o Ramos se incorporan por las bandas, Iniesta ya sabe su intención segundos antes. Así es él, el ‘termostato’ de esta selección. Cuando lo hace bien, como sucede casi siempre, España se gusta. De lo contrario, surge un pequeño problema, pero nada que no pueda solucionar Xavi o Senna.

Porque España es una idea clara y divertida que se plasma por inercia en cada partido. Hay unos titulares, sí, pero también recambios de calidad. Fernando Llorente ya ha marcado tras haber jugado sólo dos partidos y apunta a banquillero de lujo; a Arbeloa le está viniendo de maravilla curtirse en el Liverpool y otros que aún no han venido como Arteta, del Everton, quieren compartir este sueño hecho realidad.

Del Bosque, en su papel, mantiene la serenidad. No en vano, es dificilísimo atenuar la euforia que viven los jugadores, el fútbol español y por qué no la nación. Ahora tocan las comparaciones: Argentina, Brasil, etc. Pero no se trata de ser mejores que otros hoy o mañana. Obviamente, llegará el día en que perdamos. Pero mientras persista esa gran idea, los españoles estaremos orgullos de nuestro combinado. Se trata de pasar un rato entretenido en frente de la televisión.

 

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