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Mucha baratija y ni un solo diamante

Juande Ramos se extraña del pesimismo que estos días envuelve a su equipo por haber tenido una mala semana tras diez victorias consecutivas. Claro, visto así de simplón, no le falta razón al técnico del Madrid salvo en un pequeño detalle: alguien del club, quizá debería ser Raúl, haría bien en explicar a Juande que esta ‘mala’ semana ha tirado la temporada prácticamente a la basura. Y lo que es peor, la vergüenza de Anfield ha mancillado la lustrosa leyenda europea de quien ha ganado nueve Copas de Europa, ni más ni menos. Quizá Juande aún no comprenda la dimensión del club que le ha contratado. No basta con resignarse y justificar que el Liverpool fue mejor: con la actitud de los jugadores en las Islas, cualquier oponente habría sido mejor.

A Juande se le trajo para diagnosticar un problema y resolverlo. Parecía que la racha inmaculada del equipo había esfumado todas las preocupaciones, pero esa ‘mala semana’ ha redescubierto el mal endémico que azota al Madrid: la obstinación en el modelo equivocado. La salida de Florentino fue el pretexto idóneo de Calderón para malmeter contra la contratación de megaestrellas. Defectos como la prepotencia, vanidad o soberbia de algunos ‘Zidanes’ jamás reaparecerían con esta junta directiva. La solución eran jugadores sin ínfulas de cracks. Tres batacazos consecutivos en Europa han desengañado a la afición. Sin los mejores no se ganan Champions. E inexplicablemente, un Madrid que despilfarra dinero como si no costara, no tiene un futbolista de referencia. Al margen está Casillas, pero sólo con un portero no se hace algo grande.

Dos ligas seguidas han camuflado el resquebrajamiento del modelo deportivo del Madrid. Cierto es que el año pasado la superioridad del equipo en el campeonato fue aplastante y tal mérito perdonó otro desliz en el torneo continental. Sin embargo, la humillación de Anfield y, sobre todo, la sensación de que la Liga pasa por un suicidio utópico del Barça han revelado que la clase media de la plantilla no da la talla en el Madrid. La fijación obsesiva por fichar holandeses no ha dado sus frutos. De los más esperados, Sneijder parecía que sí valía pero ha caído en un desdén físico alarmante y Robben juega a su capricho a sabiendas de que es el más talentoso del grupo. Luego están los Metzelder, Torres, Saviola, Heinze, Javi García, Parejo o Fauvert, quienes por unas o por otras juegan mal o están de relleno. Y por ello, Juande enfoca los partidos con lo poco de que dispone: mucha baratija y ni un solo diamante. Así es imposible.  

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