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Casillas no es un tramposo

Confieso que aún doy vueltas a la teatralidad de Casillas. En San Mamés vimos al Iker más ‘humano’ y no me gustó, pese a que le entiendo. Por un momento, el portero madridista recurrió a la picardía futbolística para dar ventaja a su equipo. Es lícito que un jugador se aproveche de ciertos lances de un partido para beneficiarse, pero siempre hemos denunciado a aquéllos que simulan descaradamente e Iker lo hizo. Sorprende en el mostoleño porque siempre ha mantenido la vitola de deportista ejemplar, respetuoso con los rivales y con las reglas.

Hay jugadores, como los sevillistas Capel y Navas, que han hecho del teatro una artimaña muy útil. Lo que pasa es que las trampas valen una o dos veces. Después, quien las comete está muy calado. Evidentemente, Casillas no se ajusta para nada a este perfil pero, que el guardameta se echara las manos al rostro cuando Yeste le empujó en el pecho, es recriminable. Iker es un chico muy querido por la afición española debido a su carácter afable y sensato. Sus paradas son alabadas un domingo sí y otro también, pero si tíos modélicos fallan en las formas, debemos advertirlo.

Quizá Casillas no tuvo tiempo de actuar consecuentemente. El partido se encrespó demasiado; el graderío estaba sobreexcitado  y encima, el detonante de la expulsión de Yeste fue un gesto poco caballeroso del Athletic por no tirar el balón fuera cuando Sneijder estaba tumbado en el césped. Ahí los ‘leones’ estuvieron mal, al igual que Yeste, de quien todavía no se entiende cómo pudo enajenarse de ese modo. El magnífico jugador vasco nunca debió empujar a Casillas y menos, enervarse tanto. Su expulsión está bien ordenada a pesar del cabreo monumental de Caparrós, Llorente y compañía. El Madrid entró al trapo y salió victorioso a los puntos. La agresividad excesiva del Athletic fue su peor condena.

Precisamente, el cariz que tomó el partido desde el inicio fue lo que le pudo a Iker. Él es uno de los pocos jugadores conscientes de todo lo que se juega el equipo hasta final de temporada. Y si encima tiene que conservar la frialdad en un duelo a tumba abierta, normal que la vehemencia le sobrepase. No obstante, Casillas supo que se había equivocado a tenor de sus declaraciones posteriores. Incluso me atrevería a decir que su cantada en el gol de Llorente fue fruto de su remordimiento de conciencia. Iker nunca ha sido un tramposo y ahora tampoco.    

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