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La vuelta de quien nunca debió irse

En tres semanas sabremos si el Madrid vuelve a estar en buenas manos después de tres años de negligencia. Florentino está esperando que el runrún mediático se acreciente para salir a la palestra y poner en guardia a la elite futbolística del continente. El actual club está desahuciado y sólo se vislumbra una solución para devolverle toda la grandeza que ha ido perdiendo a pasos agigantados durante este tiempo: la vuelta de quien no debió irse nunca.

Es bonito comprobar cómo ciertos proyectos maduran desde la cantera, con cautela y paciencia. Así pasó en el Barça con la eclosión de los Messi, Iniesta, Bojan etc. El Madrid de Florentino apostó por otra filosofía, quizá menos folclórica aunque más en consonancia con el mundo empresarial. Fichar a los mejores a golpe de talonario pareció descabellado pero incentivó la ilusión del madridismo y trajo resultados, en el césped y en el balance de cuentas. La solemne presencia de Florentino desquició al Barça de Gaspart; desesperó a la Juventus de Agnelli; enmudeció al Inter de Moratti y cabreó al Manchester de Sir Alex Ferguson. O sea que Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham quedaron rápidamente embriagados por los cantos de sirena del ahora ex presidente. Cada uno vino en su año correspondiente, para que ninguno de los cuatro perdiese protagonismo.

A tenor del lustro ominoso del Madrid en Europa, la Champions requiere de nuevo un proyecto faraónico. Y claro está, el elegido es un Florentino más experto todavía. Sabe que el mimo hacia sus predilectos no debe ser excesivo. Supongo que en la cabeza del señor Pérez aún resuena aquella frase que pasará a la posteridad: “He creado un monstruo que me ha devorado”. Pues bien, Florentino debería ceñirse al plan de contratar y renovar pertinentemente. Hasta ahí, punto.

Aparte de los preacuerdos secretos que haya suscrito con sus nuevos ‘Zidanes’, Florentino tendrá que resolver la ‘patata caliente’ de Cristiano Ronaldo, ése que chuleó al Real Madrid haciéndose de rogar y deshojando la margarita caprichosamente. Pero Florentino no es Ramón Calderón y si al portugués le apetece vestir de blanco, deberá confesárselo a su contratante o delante de las cámaras. Es condición sine qua non. Sin embargo, me da que a Florentino le motiva más Kaká y si no, al tiempo.

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