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El Madrid enciende el motor

Por fin pudimos ver a Kaká y Cristiano Ronaldo en el mismo tapete. La ansiada espera mereció la pena aunque fuera a miles de kilómetros y contra un rival de poco empaque. La cita de Toronto era el día señalado por Pellegrini para comenzar a engrasar esa maquina que pretende borrar de un plumazo la ‘tritranquilidad’ del Barça. El equipo local era lo de menos, fue profesional y punto. La gracia fue ver cómo las dos grandes estrellas del mercado se buscaban, se miraban con complicidad e intentaban alguna filigrana conjunta. Tuvieron un par de destellos y poco más. Hay que darles partidos.

Quien sí parece enchufado es Benzema. El ariete francés es, de largo, el mejor de la pretemporada. Su físico imponente carbura a las mil maravillas y sus flirteos en el campo con Cristiano Ronaldo se convertirán en un recurso inmejorable para el técnico. Es muy interesante analizar en los bolos veraniegos el rol de cada jugador y cómo se coordinan unos con otros. Por ejemplo, Metzelder, que está siendo otra de las gratas sorpresas, ha tirado de experiencia para asentarse en el eje de la zaga. El central alemán sabe qué debe hacer y por dónde tiene que ubicarse. Pero su gran aportación es la capacidad para instruir a su pareja de turno: Albiol estuvo entonado en la primera parte y Pepe se siente cómodo con él a tenor de los partidos disputados.

Otra eminencia que se ha tomado muy en serio la preparación es Guti. El díscolo centrocampista parece haberse dado cuenta de que ésta sí puede ser su última temporada. La competencia en la medular es bárbara pero el talento del madrileño, si es bien aprovechado por Pellegrini, dará innumerables réditos al Madrid. Con la seriedad de Guti el plan ofensivo está pergeñado y al de abajo le faltan varios retoques. Al margen de la portentosa actuación de Metzelder, Lass también está cumpliendo con su cometido. Ya era hora que el Madrid tuviese un motor diesel de garantías. El francés es el mejor amigo de la defensa y el novio indispensable del ataque. Corre por los demás, corta balones, hace coberturas y da la impresión que el equipo se desmontaría en su ausencia. Con él y Xabi Alonso la retaguardia está bien pertrechada, sólo falta que ambos se batan el cobre.

Y por último, la presión. Pellegrini cogió las riendas del Madrid obsesionado con ahogar el juego del enemigo desde arriba. Su insistencia en que todos cierren filas y se conjunten como un bloque único e indivisible raya la exasperación pero a la postre obtendrá sus frutos. El chileno quiere acabar con le tópico de que Madrid y Barça dejan jugar a los rivales. Guardiola le dio la vuelta a la tortilla el año pasado, veremos si Pellegrini le copia.

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