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13, rue del percebe

El 13, rue del percebe que rodea a Florentino ha borrado de un plumazo la coartada de ‘ilusión’ con la que el presidente quería cimentar su segundo proyecto faraónico. Está por ver si el sartenazo de Alcorcón espabila a un Madrid estrellado en el subsuelo y que tardará en curar el estreñimiento que sufre desde la primera jornada. Hoy el tema ya no es el sacrilegio que han cometido catorce jugadores contra el solemne sentimiento de madridismo, sino las rencillas y despechos de determinados individuos. Una humillación de gigantes dimensiones no podía obviar una intrahistoria deplorable pero entretenida.

El morbo de la supuesta redención contra el Getafe será ver si Pellegrini continúa apostando por Guti, el mismo que le levantó la voz, abandonó el vestuario al descanso (cuando ya se había desatado la vergüenza) y harto, una vez más, de aficionados ‘graciosetes’ que recordaban su cántico más irritante, mandó a todos a freír espárragos de una forma paleta y muy gráfica, pero al fin y al cabo,  paleta. A Guti se le pasó lo de contar hasta tres antes de sacar esa vehemencia barriobajera que siempre lleva enjaulada. Será sancionado con un puñado de euros hasta que vuelve a liarla, ¡menudo castigo!

Y a saber qué estará cavilando Pellegrini en estos momentos. Valdano ya ha dejado entrever que entre Getafe y San Siro se puede gestar la venida del sustituto. Digo yo que si al Madrid se le ocurre cagarla también mañana, el despacho de Valdano abrirá este domingo para cerrar la búsqueda de nuevo entrenador. Con Wenger descartado, quedan dos opciones, una de ellas de alta alcurnia. La primera es Laudrup, quien hace una semana desechó la oferta del Atlético de Madrid. Dicen que las diferencias insalvables fueron económicas, quizá el danés intuyó que ponerse en el banquillo colchonero supondría dejar escapar una posible oferta del vecino. El plan alternativo es rescatar a Rafa Benítez antes de que sea despedido fulminantemente por los dueños norteamericanos del Liverpool. Esta última posibilidad no me cuadra del todo porque, aunque Benítez se ha granjeado una popularidad mundial a base de sudor y lágrimas, su excelsa condición de estratega no cuaja con un Madrid acostumbrado a ganar por el principio de acción y reacción. Y pese a que a Florentino no se atreverá siquiera a imaginarlo, siempre nos quedará el solucionador de problemas, Fabio Capello. Que quieren  títulos  y la Champions del Bernabeu, sólo hay un hombre…eso sí, olvídense de fútbol delicatessen y demás remilgos: ganar y arreando.  

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