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Psiquiátrico Vicente Calderón

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Para qué poner adjetivos al partido del Atleti  si Quique Sánchez Flores ya se encargó de ello con su habitual laconismo: “partido feo con errores groseros”. Bueno, tampoco le podíamos reclamar al míster rojiblanco que despotricase de sus chicos. De eso ya se encargaron los cuarenta y cinco mil espectadores, que por enésima vez (y no será la última, desde luego) huyeron del Calderón para olvidar semejante esperpento. Porque ahí está el secreto de nuestro queridísimo Atlético. Sus funciones de entre semana y domingos son tragicomedias dignas del gran Lope de Vega. En ellas, lo de menos es el fútbol, puesto que al aficionado le da igual que su equipo juegue increíblemente  bien o ni siquiera sepa dar una patada a un bote.

El sentimiento rojiblanco sobrevive por pulsaciones eléctricas generadas por desfibrilador. Tan pronto la caga el equipo y se acaba, como resucita con un gol de la nada. Y lo mejor es que todo puede suceder en cuestión de momentos. De otro modo, aún nadie se explica cómo un equipo sobreexcitado para la Copa puede dejar a tres delanteros rivales solos contra De Gea a los dos minutos, y por qué instantes después Ujfalusi se atreve a improvisar una cabalgada milagrosa para el asombro o estupor del graderío. Insisto, es el Atleti y no tiene parangón en el fútbol mundial.

Luego hay que estudiar la misteriosa patología de una de las defensas más chistosas que se recuerdan. Assunçao debió tener una oscura premonición durante su martirio ante el Recre y se borró para este último envite. Que se rían de otro, pensaría el brasileño. Y en efecto, el Calderón se mofó de Perea y, en ocasiones, de Pernía, quien todavía no ha averiguado por dónde le corre el aire. Pero el lateral argentino tiene coartada: su larga ausencia de la competición. Perea no puede esconderse en ningún sitio.

Extraña el caso del colombiano, que se hizo famoso hace tres años por su rapidez en los cruces y por secar a Samuel Eto’o en esos partidos contra el Barça que tan bien se le daban al Atleti. Pero, a día de hoy, darle un balón a Perea en la retaguardia es exactamente igual que saltar sin paracaídas a diez mil pies de altura. Así están las cosas.

Para colmo, las últimas y prodigiosas paradas del joven De Gea han desatado un debate impensable en la portería. El canterano ha demostrado en un puñado de partidos que sabe templarse mejor que Asenjo, el gran y único fichaje del verano. Aunque, claro, quién le dice ahora a García Pitarch que Asenjo sería un buen banquillero, cuando el director deportivo no concebía ni en sueños que De Gea ya estuviese jugando en el primer equipo. En fin, otra historia rocambolesca para el disparate atlético.  

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Una respuesta a “Psiquiátrico Vicente Calderón”

  1. Danielon dice:

    Es una vergüenza pero ya está todo dicho

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