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La venganza de Mourinho

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A este ritmo la Champions va a ser coser y cantar para el Barça. Anoche cayó el Chelsea, el coco del torneo, el único que tosió a los azulgranas la temporada pasada y que le habría echado en semifinales de no ser por aquel nefasto árbitro Obrevo. Así que se apea Abramovich y sigue como un tiro Mourinho. El portugués, siempre en el ojo del huracán, amado por los suyos y odiado por los demás, ha ganado de una estacada el suficiente crédito para acabar en el Bernabeu este verano. Decían  que su Inter era un despilfarro de talento; una plantilla perfilada para dar guerra en la Champions pero que, por deméritos propios, le pasaba como al Madrid, que la pifiaba en octavos. En Stamford Bridge el talante de ‘Mou’ dio un vuelco asombroso: cuando sólo debía afanarse en lo que más le apasiona, defender un cero a cero, de repente se lanzó inopinadamente a por la eliminatoria. La osadía fue recompensada por Eto’o, siempre Eto’o, que sufre un Calcio aciago pero que la clava cuando urge (si Higuaín hiciese lo mismo…).

El llanto lo vuelve a entonar el multimillonario ruso, cuyos petrodólares están más depreciados que el peso mejicano cuando toca hablar de Champions. Año tras año se lleva sopapos de todos los colores: desde las batallas encarnizadas contra el Barça con injusticias divinas y terrenales por medio, hasta una final perdida por un resbalón de Terry, el supuesto culpable de la deriva de los ‘blues’. Fue desatarse su lascivia y el Chelsea no ha vuelto a dar una a derechas. No sabemos cuánto durará la bula papal de Ancelotti, aunque si Abramovich sigue emperrado en la Champions sí o sí, me da que el Chelsea va a tener más entrenadores que césares reinaron durante el ocaso del imperio romano.

Y si en Londres esperaban con miedo a Mourinho, la ciudad de Sevilla estaba acicalada con guirnaldas y pasacalles para dar la bienvenida histórica a los cuartos de final. Tendrán que posponerla para otra temporada porque el equipo evidenció, y es reincidente, que sufre vértigo cuando la Champions se pone seria. El CSKA es un grupo de rusos aplicados mas Honda, el japonés rubio que le pega a la pelota como si ésta le debiese dinero. Y por supuesto que a Palop no se le puede reprochar nada: una cantada entre doscientos paradones es aceptable. A quien ya no acepta de buen grado la afición hispalense es a Manolo Jiménez. Está por ver si el ojo clínico de Monchi con los fichajes vale también para los banquillos.

 

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