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Susurros de remontada

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Así, con la tontería, parece que vuelve a haber jaleo, porque si el trallazo de Silva entra en vez de reventar la escuadra de Casillas, la Liga habría perdido casi toda su gracia y eso que este año ha tenido poca. Nadie, incluidos los pericos, esperaba un traspié del Barça contra el vecino; ni siquiera el propio Madrid, que hace una semana sufrió en sus carnes al inabordable líder. Pero es que el Espanyol estuvo a puntito de hacerle un traje a su archienemigo; si hubiera atinado ante el inconmensurable Víctor Valdés, estaríamos hablando del enésimo disgusto que se lleva Laporta con sus conciudadanos. Es curioso que desde el famoso ‘Tamudazo’, el Espanyol le amarga la existencia al Barcelona temporada tras temporada. Ha nacido otro Atleti.

No obstante, el favor blanquiazul valía si en el Bernabeu mandaba la lógica. Y ésta fue que el Madrid salió a cargarse al Valencia a su modo: martillear y martillear la portería hasta derribarla. Tal como sucedió en Almería, Cristiano se montó la juerga (futbolística) por su cuenta; es chulo hasta decir basta, pero mola muchísimo verle pedir el balón delante de la medular y fabricarse jugadas explosivas: unas por potencia y otras por regate. Valdano dijo en su día que cuando Ronaldo cogía la pelota, una manada de búfalos se lanzaba contra el rival. Con Cristiano no son búfalos, sino un fórmula uno que acelera de 0 a 100 en pocos segundos.

De todos modos, Valdano, Pellegrini o a quien le corresponda debería sentar al portugués en un diván y repetirle que su carácter espídico a veces no ayuda al equipo. Es de agradecer que en el minuto ochenta pida el balón para arrancar de nuevo, pero no puede hacer entradas sin ton ni son cuando el partido está finiquitado. Su ímpetu desenfrenado le puede costar otra broma de mal gusto, como aquel puñetazo al malacitano Mtiliga. Y, precisamente, el Madrid no puede prescindir de su estrella, ahora que está tan cerquita del Barça y ahora que Laporta no quiere oír ni un susurro de remontada.

Por cierto, suena irrisorio que Cristiano e Higuaín formen ‘pareja’ de delanteros. Cada uno hace la guerra por su cuenta e intenta cazar las ocasiones sin mirar al otro. De otra forma, nadie entiende cómo es posible que el argentino lleve veinticinco goles, Ronaldo veinte y entre los dos se hayan inventado tres jugadas de gol, ni una más. No sé si se caen bien o mal, pero es un dato chirriante, por lo menos.  

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