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Sólo ganar y nada más que ganar

“La estabilidad del Madrid pasa por ganar y ser líderes en Europa”, totalmente de acuerdo. Florentino sentenció lo que realmente piensa el madridismo. Precisamente, esa filosofía es la que ha agrandado la leyenda del Madrid hasta cotas inimaginables. Porque gane o pierda, este club siempre está en boca de todos, y da portadas a diestro y siniestro. Ahora, más que nunca y por el morbo que suscita, el club rebota habladurías constantes: entra dentro de lo normal cuando el batacazo ha sido morrocotudo, toda vez que el club ha querido detener el mundo con demostraciones faraónicas de suntuosidad. Es obvio que si el club que mejor paga y gasta, sobreexcita a la opinión pública; ésta le incordie con sus cagadas hasta la extenuación. En consecuencia, Florentino se ha visto abocado a responder a los periodistas para aclarar dudas al mundo.

De todos modos, la fanfarria de la Junta Directiva de ayer viene a destiempo con lo que está sucediendo. Pellegrini estuvo sentenciado desde que el Barcelona arruinó en un pispás a los ilusos que creyeron en  la hombrada de Clemente en el Camp Nou. Mientras, Mourinho era el predilecto del presidente desde hacía tiempo e iba  a venir con o sin la Champions del Bernabeu. El primer proyecto del retorno ha caído en barrena, pues a la directiva no le han valido los casi cien puntos de la Liga, de los que la mayoría se han logrado con un juego rematadamente aburrido. Más que mérito de Madrid y Barça, considero que el resto no se ha molestado mucho en poner trabas a los ‘jefes’ del campeonato. O sea que, a pesar del récord de puntuación y la astronómica cantidad de goles, el Madrid no ha salido bien parado en los momentos exigidos. Y un gasto de doscientos cincuenta millones de euros debería obligar a algo más que ser el segundón.

Sin embargo, el descalabro deja retales aprovechables. La secretaría técnica no tiene que volverse loca haciendo batidas por Europa; sencillamente, que traigan las dos o tres peticiones de Mourinho y arreando. Materia prima en esa plantilla hay de sobra, sólo falta retocarla con varios puestos que cojean y muchas dosis de automotivación. Esto último es, sin duda, el leitmotiv de la venida de ‘Mou’. Él no es el número uno porque tenga a los mejores jugadores, ni tampoco porque sea un estratega sublime (con la excepción de la trampa que urdió ante el Barça), sino porque es un animador nato capaz de convencer a cualquiera con una de sus miradas desafiantes.

Y por la puerta de emergencia han echado a Pellegrini. Él no quería salir y la afición tampoco quería su marcha, pero ese monstruo que acabó devorando a Florentino hace cuatro años ha vuelto para engullir al chileno. Sin embargo, el monstruo no ha renacido por egos absurdos de cracks ni por dejadez de todo aquel que no estuviera bien agasajado, éste es tan monstruoso como el del pasado, pero será invocado cada vez que el Madrid resbale en la Champions, avergüence en Copa o no levante ligas. Sí, es un peso que sólo el Madrid puede aguantar (porque así lo ha querido históricamente), pero al fin y al cabo Florentino tenía razón: ganar y punto, no vale otra cosa en este club. 

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