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Ujfalusi, un tío harto de vaciles

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De Gea por encima de todos. Fue el gran protagonista de la jornada con sus palomitas y unos contra unos; desde aquel penalti que detuvo a Milito (Diego) en la Supercopa europea, clama por un huequecito en la selección, aunque sea jugar una pachanga contra Liechtenstein. Ya es mayor y, por tanto, se le debe poner en un pedestal cuando se salga (como ayer) y criticarle cuando la pifie. No obstante, si hubiera parado todo, habría sido la actuación más perfecta que se le recuerda a un portero, incluido Casillas.

Como casi tan perfecto fue el propósito del Barcelona: sobar la pelota hasta marear al Atlético. Ciertamente, la machada del Hércules ha quedado en anécdota porque Xavi volvió a explicar a los compis su librillo de estilo. Y quien más rápido lo ha asimilado ha sido el ubicuo Iniesta: se coloca en la izquierda, pero jugaría en la derecha con los ojos vendados; Guardiola no le prefiere como volante, pero todo gira a su alrededor; es generoso en defensa, pero nunca se pierde un contraataque. Vamos, es Iniesta.

Y Ujfalusi es un tío harto de vaciles que, sin ton ni son, se fue directo al tobillo de Messi. Su roja directa es indiscutible y un buen puñado de partidos lejos de otros tobillos tampoco sería escandaloso. Pero le entiendo: yo también me calentaría si un ‘enano’ me la liase de todos los colores con el balón. Llega un momento en el que Messi parece que se cachondea de cualquiera con fintas, regates, esprines y toquecitos. En definitiva, que sólo De Gea pudo librarse del pitorreo del argentino y el de todo el Barça. Aunque, de chiste también fue el empeño de Agüero: pataleó por jugar sin recomendación médica y después se abstuvo de meter la pierna por si las moscas. Muy poco profesional.

O sea que después de tres partidos sólo cambia que el Barcelona no ha hecho pleno. Su juego sigue embragado en sexta marcha y el del Madrid (por aquello de la dualidad del campeonato) aún no carbura, ni siquiera revela una prueba de lo que podría ser. En Anoeta volvió el tran tran, con segundos lúcidos y minutos desesperantes. Mourinho insiste en el fútbol control, pero si pudieseis ralentizar la velocidad de vuestra tele, daría igual: los jugadores se moverían igual y el balón no circularía más rápido. Es más, es que casi siempre pierden lo porque no saben cómo meter gol…o lo más fácil, se lo pasan a Cristiano a cincuenta metros de la portería que ya se encargará él de liar algo.

Y yo me pregunto si Mourinho cree en serio que tendría tiempo para entrenar a Portugal dos partidos. Lo que tiene que hacer desde hoy es poner a Xabi Alonso a sacar córners, que el otro día no dio una; a la defensa a tirar bien los fueras de juego y a los delanteros a aprenderse alguna jugada de estrategia, que de vez en cuando funcionan. Entonces, cuando logre apañar todo lo anterior, quizá le sobren días para arreglar el mitote que hay montado en su país. Por el momento, su único cometido es el de seguir testando al Madrid hasta encontrar algo digestible.

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