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Patatas, patadas y pantomimas

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Un patatal de campo con un árbitro de preferente. Claro, así cómo va a jugar bien el Madrid. Pues ésa fue la descripción atinada que hicieron Mourinho y Dani Sánchez Llibre al alimón. El portugués se excusó en el tapete para evitar más preguntas ‘impertinentes’ sobre el juego del Madrid, mientras que el segundo se cagó en Clos Gómez (y con razón) por su descarada compensación: debió intimidarle el pataleo del Bernabéu y por eso decidió fulminar al españolista Galán un minuto después de la expulsión de Pepe. Primero, Ujfalusi, y anoche el del Espanyol, que se lo piensen dos veces los que intenten quitar el baloncito a Cristiano o Messi, porque les podrían dar un susto: es la nueva regla del fútbol español. Ya está bien la pantomima de proteger a los cracks.

Calentones al margen (césped, expulsiones,…), el partido fue un coñazo soberano porque el Madrid aburre y mucho. No deja de ser lento, previsible, simplón y lo peor de todo: ni siquiera da la sensación de que pueda cambiar en cualquier momento. A Cristiano no le sale nada, ni un regate ni un cañonazo repentino. Y, paradójicamente, dentro de la nula inspiración del equipo y del momento poco prolífico del portugués, él sigue siendo el más resolutivo. O sea que como vuelva a lesionarse, no sé de qué va a tirar Mourinho.

Precisamente, Mou debió enrabietarse cuando comenzaron los primeros pitos antes del descanso. El partido había perdido ritmo, más bien nunca lo tuvo, y el sopor de la grada era, valga la redundancia, insoportable. Por eso, no estaría mal volver a enterarse de la perorata que el técnico debió echar a sus chicos en el vestuario. En Anoeta les dijo que no se podían dejar dominar por la Real, la de ayer quizá fuera una amenaza en toda regla para que despertaran.

Por cierto, quien sí salió espabilado fue Benzema. Las advertencias públicas de Mou le han picado hasta el punto de no parar de correr durante los pocos minutos que está en el campo. Incluso, su gol le hizo esbozar una sonrisa, algo casi milagroso hasta el momento (la sonrisa, no el gol). Es decir, que más de uno debería esperar la reprimenda del míster para jugar más avispado. Por ejemplo, Marcelo, que ha estado en el alambre toda la pretemporada y lleva  un comienzo liguero colosal. Ataca cuando el equipo lo requiere y hasta defiende con ganas y estilo. A este chico lo han cambiado; sólo falta que deje seco a Messi en un  Madrid-Barça y ya tenemos lateral izquierdo in saecula saeculorum.

Milagros al margen, seguiremos riéndonos con las salidas verbales de Mou: que si el césped es un patatal, que si la falta de gol la pagará alguien o si Ronaldo es como es. No obstante,  pasan los partidos y se agotan las excusas, porque el Madrid no juega a nada ni se le espera algo nuevo. Así que, al no ser que nos sorprenda, el aburrimiento comienza a los cinco minutos de partido. Y vale que el Madrid no es el Barça, pero…  

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