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Un bonito viernes de 1915

Alberto Contador comentó durante la Volta a Cataluña que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) demostraría definitivamente su inocencia después de que la Unión Ciclista Internacional apelara contra la decisión de la Federación Española. En los próximos cuatro meses el TAS hará pública la absolución o culpabilidad del campeón español. Entonces, ya no habrá margen para más recursos. Pero al igual que Contador, ha habido otros deportistas que se han dejado la vida intentado demostrar su inocencia: la historia del inglés Enoch West escenifica la sanción más larga de la historia del fútbol, la de un jugador que siempre creyó en sí mismo, aunque tuviera que luchar él solo.

Enoch West fue un  goleador de Hucknall (condado de Nottingham) que jugó en el Nottingham Forest y Manchester United, equipo con el que consiguió la liga de 1911. Era un delantero centro expeditivo, con unas habilidades nada sobresalientes y cuya rutina dio un vuelco al estallar la I Guerra Mundial, aunque curiosamente no por la guerra. La coincidencia en fechas con los comienzos de la liga 1914/15 supuso que la opinión pública atizara a los futbolistas ingleses que se esforzaban con denuedo en el césped, en vez de combatir y morir por su patria en Francia o Flandes. Además, la guerra que presagiaba un final prematuro en navidades tampoco vislumbraba el final para la Pascua del siguiente año, por lo que la Federación decidió suspender el campeonato 1915/16. No había sido una buena temporada para Enoch West, quien lejos de pelear por el título, intentó salvar al United del descenso. Precisamente, para garantizar la permanencia del equipo, tenían que ganar al Liverpool…pero en aquel duelo se jugó algo más que la permanencia.

A pesar de que West era uno de los grandes goleadores del fútbol inglés, su salario era una minucia en comparación con los sueldos del fútbol moderno. Al final de cada temporada muchos jugadores buscaban un sobresueldo en otras facetas. El delantero de Hucknall tenía talento como jugador de cricket y, cuando paraba la Liga  se dedicaba a ello cada verano.. Sin embargo, no era suficiente para alguien de su edad que ya enfilaba el ocaso de su carrera, y más cuando su profesión estaba devaluada por la situación bélica del momento. Era obvio que Enoch West y sus compañeros debían plantearse qué hacer para sacar sus vidas adelante.

En aquella época apostar en partidos de fútbol estaba a la orden del día y el juego siempre atraía a tahúres honestos y los que no lo eran tanto. Respecto a estos últimos, en diciembre de 1913 el diario Nottingham Daily Express publicó un intento de soborno a un jugador del West Bromwich Albion para amañar un partido. En la misma página donde se había publicado la noticia aparecía otra de una multa a un apostador oficial que había merodeado por los alrededores de un campo de fútbol. Evidentemente, el riesgo era tan alto como la posibilidad de ganar muchísimo dinero apañando el resultado de un partido. Cuando Enoch West, algunos más del United y otros del Liverpool sopesaron si les merecía la pena involucrarse en semejantes asuntos, no lo pensaron dos veces.

Las crónicas de aquel Manchester- Liverpool (02 de abril de 1915) contaron que la primera parte transcurrió por sus cauces habituales, sin el menor indicio de sospechas. Pero el árbitro, Johan G. Sharp, describió la segunda parte como una “sucesión de incidentes extraños” y ahí es cuando las cosas dejaron de encajar. William Meredith, extremo derecho del United y que no formó parte del amaño, se quejó de que no le habían pasado el balón, aunque el hecho más controvertido ocurrió cuando el árbitro señaló un penalti para el Manchester: todo indica que fue claro porque ningún jugador del Liverpool protestó a Sharp, pero hubo una ardua discusión entre los compañeros de West para ver quién lo lanzaba. Extrañamente, el encargado de disparar no fue el habitual, Anderson, sino un defensa llamado O’Conell. Así que éste colocó la pelota en el punto de la pena máxima y la mandó tan lejos de la portería que nadie de los allí presentes creyó  que su intención era marcarlo.

Mientras pasaban los minutos, y con 2-0  a favor del United, el duelo se fue apagando, aunque West intentaba perder el mayor tiempo posible parando el partido con faltas y echando balones fuera del campo. Ya no había ni un ápice de emoción, en gran parte porque el Liverpool tampoco se esmeraba mucho, y la frustración empezó a contagiar al público; uno de los linieres, F. Hargreaves, recordó que la grada, harta del penoso espectáculo,  mandó recaditos al estilo de “¡vamos, canallas!”, “¡esto es un amaño!” o “¡devolvernos nuestro dinero!”. Naturalmente, la polémica no acabó con el pitido final de Sharp. El 23 de abril de aquel 1915, la organización de la competición se reunió en Manchester para analizar si hubo realmente tongo. Al día siguiente, el Nottingham Guardian publicó que la Liga había llevado a cabo una investigación a fondo sobre el posible amaño de un importante partido jugado recientemente. Las sospechas cobraron mucha credibilidad cuando salieron a la luz apuestas de gran calibre en  el partido investigado, pero no sólo sobre quién sería el ganador sino también del resultado exacto. Concretamente, una cantidad considerable de libras fue apostada en Hucknall, donde Enoch West todavía tenía un tío y más familiares.

La Liga concluyó la investigación culpando a jugadores de ambos equipos, incluido West…la sanción sería a perpetuidad por haberse involucrado en una estafa tan turbia. Por otra parte, no hubo indicios de que los clubes también estuviesen pringados, así que estaba claro quiénes eran los cabezas de turco. Pero West no estaba preparado para digerir tal veredicto y emprendió medidas legales alegando difamación contra sus acusadores, la Federación Inglesa y el periódico Daily Sketch, que había sacado parte de las primeras acusaciones.

La vista oral del juicio tuvo lugar en julio de 1917 y fue cubierta por otro diario, el Dispatch. La  noticia no admitía margen de error: había pruebas evidentes de que West había mentido sobre sus vínculos con el pueblo de Hucknall. Además, las apuestas hechas allí fueron prueba suficiente para condenarle. Claramente, el partido fue amañado, por tanto, él fue considerado culpable. Desde aquel momento,  Enoch West  se dedicó a apelar el fallo judicial una y otra vez sin éxito alguno, así durante las tres décadas que duró el castigo. Hasta su muerte, en 1965, nunca admitió su culpa y la Federación, a pesar de haberle levantado la sanción en 1945, jamás cambió su postura. Un final triste para la vida de un jugador cuyos méritos deportivos fueron borrados de un plumazo por culpa de lo que sucedió un bonito viernes de 1915.

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4 respuestas a “Un bonito viernes de 1915”

  1. Javi dice:

    Tremendo artículo, que historia más interesante. Gracias otra vez Vanaclocha

  2. Dámaso dice:

    Que bueno, estas historias son las que gustan y no tanto Barça, Madrid, huelgas…

  3. Olafson dice:

    Siempre hay historias asombrosas y muchas suelen ocurrir en Inglaterra. Merece la pena contarlas. Te sigo, Carlos Vanaclocha, ¿tienes twitter?

  4. Dani Ciebres dice:

    Deberías investigar los trapicheos de apuestas que hubo en Alemania hace pocos años, seguro que salen historias tan bestiales como la de West. Enhorabuenma.

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