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Fantasías manchegas

Su inspiración basta para matar partidos, pero lo que más le engrandece es su extraordinaria polivalencia. Cuando Messi y Villa están aciagos, aparece Iniesta para marear la pelota y encumbrar a otros compañeros no tan ‘killers’; extraña que anoche ninguno de los goleadores fuera delantero, poco importa: la segunda línea de batalla es tan demoledora que Guardiola ni se preocupa por la pólvora mojada de sus arietes. La inercia es exageradamente abrumadora..¡más de diez goleadas por cinco o más tantos en la actual temporada!, y el entrenador angustiado porque las últimas victorias habían sido pírricas. Obviamente no se puede abusar cada partido, ni siquiera el propio Iniesta o Xavi se esmeran por asombrar siempre; sobra con  mantener el nivel y salirse en ocasiones pintiparadas. Y desde luego que la de anoche lo era.

Porque el Barça enfilaba el partido con el runrún del 4-0 del Madrid y con las sospechas de que las advertencias de Guardiola en la previa pintaban un panorama traicionero. Nada de eso barruntó el Barça cuando Iniesta se percató que no tenía un perro de presa pegado a su cogote. El manchego abrió la grieta desde su banda  y los demás le siguieron el ritmo. Me encanta verle crear desde el lado porque los equipos rivales pierden los papeles en defensa: no saben si descuidar a Xavi para pararle a él, o sacrificar tíos ofensivos para taponar a ambos. Precisamente, Xavi tuvo una noche plácida porque fue su compañero quien decidió poner patas arriba al Shakhtar. Es una flipada ver cómo una serie de combinaciones y triangulaciones al primer toque provocan la histeria de un rival cuya única misión era evitar una derrota dolorosa para exprimirse en su campo.

Fantasías manchegas al margen, Dani Alves también apareció en los primeros créditos, para lo mejor y lo peor. Le sucede como a Roberto Carlos en su última etapa: confía demasiado en su físico  y no siempre le da para estar omnipresente. Lee mejor que nadie las subidas al ataque (el míster Xabier Azkargorta sólo las entiende por su efecto sorpresa), véase en el tercer gol, y en contraste descuida su tarea primera de cubrir el lateral. En noventa minutos Alves sacó su mejor virtud y su peor vicio.

Pero entre tanto virtuosismo, Cruyff tenía algo de razón en su artículo del pasado lunes: el Madrid lo iba a tener más fácil. Y a tenor de lo que el Shakhtar falló en el Camp Nou, no cabe duda que el 5-1 no fue tan irrisorio para los ucranianos como lo fue el 4-0 para el Tottenham. Últimamente Valdés y la suerte se aplican más de la cuenta porque la sombra de Puyol es demasiado alargada. Busquets es un jugadorazo al que le cuesta recular cuando juega de central; se siente más cómodo por delante de su zaga. Por eso, Guardiola habrá tomado nota para el año que viene: hace falta un central de garantías para suplir al capitán. Aunque con el antecendente de Chygrynskiy…

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