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No promete títulos, simplemente los consigue

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Siempre recomiendo la lectura de David Gistau en su sección Barra Brava de El Mundo. Sus artículos interpretan el runrún de la grada del Bernabeu, que no de la prensa, y por eso le considero una especie de gurú para sanedrines merengues: hoy ha vuelto a atinar en su análisis del ‘efecto Mourinho’. “La grada venera al entrenador porque viene de una época tan nefasta que está dispuesta a cambiar principios por victorias” y así lo ha entendido la gran masa del madridismo, sobre todo hoy que no ha lugar para la crítica. Se trataba de ganar o ganar, y en tal cometido el Madrid hizo el partido más inteligente que se le recuerda en años. Lo ha dicho hasta Rafa Nadal, “si el sábado le llega a plantear un partido alegre al Barça, le podría haber caído 0-3”. Pero Mourinho lo sabía no desde el Bernabeu sino desde la fatídica manita: un estilo tan preciosista sólo podía ser rebatido por otro que lo afeara. Y ése fue el de este Madrid, moldeado en cada recoveco a gusto del míster por la necesidad de títulos.

La prodigiosa noche ha endurecido al club, todavía frágil por la falta de reválidas para recuperar el respeto en Europa de antaño. Y a la segunda (el primer reto era la Liga) Mourinho se ha salido con la suya…por competitividad y, sencillamente, porque está considerado el mejor entrenador del mundo. Así lo demuestra su currículum (a mi juicio, su verdadera obsesión) y sus métodos prácticos que no dejan de regalar copas. Él gusta a los aficionados porque es exageradamente sincero y no atiende a  las formalidades sobre qué se puede o no soltar en una rueda de prensa; anoche repitió que ha venido a Madrid para trabajar un equipo a su manera, porque para eso le han fichado. Y leyendo entre líneas sus comparecencias públicas, uno se da cuenta que poco le importa la historia del club donde esté….su filosofía está muy mecanizada: ser él mismo (a quien le guste, bien, y a quien no, plin), entrenar a jugadores que mueran por él y ganar títulos. Es lo que se le exige y punto. Por eso, el capitán del Chelsea, John Terry, intenta convencer a Abramovich para que le repesque aunque tenga que embargar medio imperio gasístico; por eso, Moratti todavía se lamenta por haberle dejado despedirse con un simple abrazo y por eso, el madridismo le rinde pleitesía. Y, encima, no promete éxitos, mejor: simplemente los consigue.

Los periodistas habíamos planteado la final desde una disyuntiva tremendista: si el Madrid ganaba, nacía una creencia; pero si el Barça hubiera sido el campeón, el panorama blanco habría sido apocalíptico. Al final, Mourinho ha superado el primer órdago directo de la temporada y la afición está tan excitada, que la ciudad se puede poner patas arriba si el resultado se repite en Champions. Pero hoy no toca adivinar el futuro, los blancos se merecen la ovación de todo el país por recuperar valores legendarios casi olvidados (casta, brega y ‘huevos’) y por haberle ganado la batalla al mejor equipo del mundo en una partido de ajedrez magistral. Visto desde fuera y a tenor de la entrega de anoche, extraña por qué este Madrid ha permitido la fuga del Barça en la Liga; supongo que da igual, un título es un título.

Lo bueno de una victoria tan monumental es que extrae ídolos: Casillas es el más querido porque es el mejor del equipo; Cristiano, como dice Gistau, iba a confirmar su peor fama en los clásicos y un cabezazo le mandó directamente al olimpo y Pepe, el tercer predilecto de Mou, es la encarnación del nuevo Madrid corajudo, que gustará más o menos, pero se ha quitado por méritos el estigma de ‘segundón de la primera Liga’. Por supuesto, no ha sido una Copa más, sino la advertencia al Barça de que no va a caminar a sus anchas por mucho más tiempo. No obstante, en Barcelona no preocupa el Madrid en sí, Mourinho se ha revelado en un ogro difícil de digerir y ese papel le pone muchísimo. Y, ciertamente, los azulgranas no le ficharían porque podrían encontrarse con una guerra civil interna, pero tampoco le quieren de enemigo: la historia reciente de sus duelos lo evidencia. Por de pronto, “Mou cumplió su contrato de asesinato, y presenta la cabellera del Barça”. De ello puede fardar la hinchada hasta el miércoles. Aunque me da que la temporada está salvada: Florentino obtiene el premio que le faltaba, el Madrid se está portando como un gladiador en Champions y Mou ha ganado un título. Por algo es el ‘entrenador de títulos’, como a él le gusta…a pesar de Cruyff.

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2 respuestas a “No promete títulos, simplemente los consigue”

  1. kopese dice:

    Menuda sarta de tonterias!
    Capello jugaba menos que Mou y tambien se le queria.
    Que es eso de que ha tirado la liga, y que un titulo es un titulo? A ver si ahora la Copa va a ser mucho mas importante que la Liga.
    Y Cristiano sigue siendo el que se esconde en las grandes citas por mucho que marcara el gol. Por no querer hacer parecia que no queria ni tirar las faltas.

  2. Fran Chesco dice:

    CAPELLO jugaba menos que Mou y la grada le pitó muchísimo. La Copa nunca es mas importante que la Liga pero para el Madrid tenia que ganarla si o si, y Cristiano se esconderá pero golito al canto

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