Blogs

Yo conocí a Seve

severiano-ballesteros-fue-el-p_54151193095_51347059679_342_226.jpg

La muerte del maestro Severiano me devolvió a la memoria aquel instante inolvidable y perdurable que me sucedió en julio de 1996. Después de todo el tren de voces ilustres que le han rendido pleitesía durante este fin de semana, cada vez estoy más orgulloso de haberme topado con una de las divinidades del deporte español. Como digo, ocurrió en aquel verano y yo pasaba unas vacaciones de aprendizaje en Inglaterra con una familia nativa. Mis padres me mandaron a Lytham St.Annes, un pueblecito costero al noroeste, con la misión de volver a España hablando inglés por los codos. Ciertamente, la experiencia fue maravillosa, aunque tuvo un inconveniente : convivíamos allí varios españoles que acudíamos a clases de inglés a diario. O sea que también había palique en nuestra lengua.

Nada más aterrizar allí, recuerdo que la familia inglesa me contó que Lytham era famosa por su monstruosa montaña rusa (constato que sí era gigantesca y acojonaba cuando el trenecillo encaramaba la parte más alta) y un torneo centenario de golf del que jamás había oido hablar. Ciertamente, yo aún no había cumplido los catorce años y mis conocimientos deportivos se limitaban a la Liga, el tenis de Sergi Bruguera y Arancha, y la ACB. Incluso, la dimensión épica de los Juegos Olímpicos de Barcelona me causaron una extraordinaria apetencia por otros deportes no tan triunfantes en España: atletismo, natación, waterpolo,etc. Pero como el golf no era una discipina olímpica, caía en mi saco de la ignoracia.

La admiración que mi familia profesaba por ese campeonato me condujo a averiguar por qué decían que era tan divertido. Así que el padre, haciendo de cicerone para mí, me llevó al torneo de golf en sábado…era la penúltima jornada. El club respiraba solemnidad por cualquier recoveco (por algo es royal y británico) ; allí se concitaban los mejores golfistas del momento para competir por el British Open, el torneo con más pedigrí junto al de Estados Unidos. Innumerables cámaras de televisión, cobertura de reporteros de prensa y una catarata de aplausos que estallaban después de cada golpe inverosímil pintaban el panorama de aquel lugar. Evidentemente, había un protocolo para los aficionados: nada de hacer el cafre, como en el fútbol. Debíamos mantener un silencio sepulcral hasta que el golfista de turno atizaba la pelota con el ‘perro gordo’ o cualquier  otro palo de aquellas bolsas que parecían macutos de acampada.

Paradójicamente, ese sábado lo recuerdo como angustioso y cansino…no dejé de caminar hoyo tras hoyo, ¡y eso que sólo completamos la mitad – nueve-! O sea que mi impresión final es que había presenciado un deporte para ‘señoritos’ con emociones calibradas…tan pronto podía gritar como debía estar callado; vitorear un golpe que no había visto y lamentarme por lo que llamaban pelota al bunker. Quizá no lo comprendía bien, ni tampoco sus reglas.

Entonces, ocurrió en la noche de aquel sábado. La familia me llevó a un buffet de pizza en el centro urbano de Lytham y al salir, coincidí con otras dos compañeras españolas que también participaron en la aventura inglesa. Una de ellas, Irene, paseaba con sus anfitriones del pueblo, pero estaba hablando en español con un grupillo de gente. Naturalmente y a pesar de mi desconocimiento del golf, sabía quién era el gran Ballesteros –cultura general-. Pues ahí estaba el cántabro, preguntando a Irene dónde podían cenar. Y por lo que charlaron, mi amiga me confesó que había sugerido a Severiano Ballesteros el sitio exquisito del pueblo, nada que ver con el olor de los fish&chips o el buffet de pizza y pasta que yo acababa de engullir. No recuerdo el nombre del restaurante sugerido, sé que Irene lo conocía porque le habían invitado una vez. El caso es que antes de que ella se despidiese del golfista, me acuerdo con detalle que me acerqué a él y exclamé  ‘¡Vamos, Seve!’…el tío sonrió y espetó un escueto ‘hola, ¿qué tal?’. El padre de mi familia intentaba advertirme modales, pero ya era tarde. Y como podréis imaginar, no fue un diálogo demasiado fantástico, simplemente me saludó uno de los más grandes de la historia de España y, por lo que comprobé, del mundo. Faltó el autógrafo o la foto ; dio igual, no había ni boli ni cámara….sólo un retal de mi memoria, ¡pero qué retal!

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

Tags:

Una respuesta a “Yo conocí a Seve”

  1. Grada14 dice:

    Un creador es un hombre que en algo “perfectamente” conocido encuentra aspectos desconocidos. Pero, sobre todo, es un exagerado.

    Ernesto Sábato

    Nos ha dicho adiós Severiano Ballesteros, Seve. Se ha ido un deportista que no solo pertenecía a la familia de los campeones, además era de la estirpe de los pioneros. No tiene más merito el que llega a campeón por un camino o por otro, sin embargo, el sabor de la victoria y el legado que deja el campeón no tiene el mismo sabor si el que lo hace, además, abre un camino.

    No hay una sola brizna de hierba de los green de este país que no deba su existencia a Seve. Hoy en día que los campos de golf llenan la península ibérica merece la pena mirar atrás y valorar como un chico de Pedreña cambió la relación de un país y un deporte para siempre.

Deja tu respuesta