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Tíos honrados

El central del Levante, Nano, espetó una de las declaraciones más honestas y agradecidas de la historia de las ruedas de prensa…”Pase lo que pase en el Levante-Zaragoza, la gente nos va a mirar mal. Hace cuatro o cinco semanas tuve la desgracia de marcarme un gol en propia puerta, no quiero ni imaginar si vuelve a suceder algo así este domingo. Como gente que lleva semanas sin jugar y no tienen cogido el ritmo líe alguna, ¡menudo marrón! Les van a tachar de todo porque en España somos así”. Al Levante le han mirado mal toda la semana porque el calendario lo ha convertido en el pim, pam, pum de todas las suspicacias; al menos, de los seis equipos que se juegan el cuello. Pero Nano, sus compañeros y, sobre todo, el presidente Quico Catalán se han hartado que se dude de su profesionalidad. Quizá, por ello, tanta rumorología ha enrabietado al equipo valenciano para mayor escarnio del Zaragoza. Pero la historia de los descensos nos ha dejado retales muy curiosos y, mentando la profesionalidad de los futbolistas, hay uno que destaca no por el partido en sí sino por cómo le ocurrió a uno de sus protagonistas.

Frode Olsen jamás pensó que su honradez iba a quedar tan marcada en la historia del Sevilla. Noruego de nacimiento, el club hispalense le fichó en el mercado invernal de la temporada 99/00 para tratar de enmendar un curso de trazas muy pesimistas. Y la verdad es que el portero no lo hizo mal, dada la docilidad de la defensa que tenía delante. Entonces, sucedió aquel último domingo de abril del 2000: el Sevilla recibía al Oviedo con una oportunidad remotísima de salvarse (era colista), mientras que el Betis jugaba en Mallorca con la obligación de ganar y, dicho sea de paso, esperar el favor del vecino, porque el Oviedo también estaba metido en la quema del descenso.

Fue una tarde soleada y en Sevilla era vox populi que el Oviedo de Luis Aragonés saldría como triunfador de la jornada. Además, los caprichos del calendario otorgaban al Sevilla la potestad de decidir si hundía al Betis o le daba vida para los últimos tres partidos. Por supuesto, la herida que le inflingió el eterno rival años antes todavía no había supurado: nadie en el Pizjuán había olvidado la penosa y descarada derrota del Betis contra el Sporting en la antepenúltima jornada de la 96/97, que mandó al Sevilla a Segunda e inmortalizó los vítores de la afición verdiblanca a Tcherisev, el autor del gol fatídico…para el Sevilla.  Las roles habían cambiado, sólo que el equipo de los Marchena, Tsartas, Jesuli, etc, habían asumido que no merecía la pena intentar el milagro de la salvación; más bien, apetecía devolver el bofetón al Betis. Pero Olsen no se enteró de la trama o su profesionalidad no se le permitió. Su técnico Juan Carlos Álvarez meditó si alinearle de principio a sabiendas que su jugador no sería cómplice o sacar al suplente Manuel Jesús, al que sí le ponía cachondo el descenso bético. Finalmente y para camuflar un poco el plan, Olsen salió desde el primer minuto.

Aquel Sevilla-Oviedo empezó como un vodevil y acabó en un despiporre padre: el equipo asturiano se quedó estupefacto cuando la zaga rival (Marchena, ‘Mami’ Quevedo, Nando y Héctor) decidió actuar como una defensa de futbolín. Aún así, el Oviedo falló como una escopeta de feria en la pachanga más descarada de los últimos tiempos…la primera parte fue una oda al cachondeo: Dely Valdés falló cuatro ocasiones clarísimas ante Olsen; Pompei otras tantas, Nadj,… nadie batía al portero noruego que no entendía por qué su propia afición le abucheaba después de cada palomita y mano a mano. Pero la guasa no acabo ahí: el desacierto del Oviedo era tan grotesco que el Pizjuán coreó al unísono ‘¡Oviedo, qué malo eres! Mi compañero de COPE, Vitorio Duque, estuvo sentado detrás de Aragonés, en la grada por sanción, y me ha confesado que el ‘Sabio de Hortaleza’ no insultó a los suyos por ‘maletas’ porque tenía una cámara de tele a tres palmos. El caso es que a la enésima Paulo Bento acertó o, mejor dicho, Olsen se resignó en otra jugada de dos contra uno; bastantes méritos había hecho el guardameta noruego para ser el mejor del partido en la primera parte. Pero llegó el descanso y Olsen, incapaz de sacarle una explicación a sus compañeros, prefirió quedarse en el banquillo por un ‘mareo repentino’. No quiso mancharse las manos y su míster lo entendió; apenas llevaba cinco meses en Sevilla como para enterarse del folclore Sevilla-Betis.

Quedaba toda la segunda parte y el Oviedo sólo ganaba por uno. Es decir, que las directrices a los jugadores del Sevilla debieron ser tan rotundas en el vestuario que en pocos minutos ya perdían por 0-3 para regocijo de su afición. Pero de repente a los de casa les dio un arrebato de orgullo y se pusieron a jugar al fútbol una hora después..llegó el 1-3, luego el 2-3 y los nervios de los visitantes intuían que la remontada estaba al caer. Entonces, un susurro empezó a correr como la pólvora en la grada y se amplificó en otro de esos cánticos de guasa sevillana: ¡Es suficiente!, ¡Sevilla, es suficiente!… ‘Oído cocina’ debieron pensar los jugadores.  Impepinablemente, el resultado tenía que ser el que fue: los enemigos se fueron de la mano a Segunda División, pero el Sevilla con la inmensa satisfacción de haberle devuelto la ‘broma’ al Betis. Sin embargo, Olsen nunca lo entendió. Él fichó por el Sevilla porque le habían hablado de los placeres de allí: entre ellos,  el ambiente de ópera que rezuma por toda la ciudad. Y es que después del fútbol, la opera era su vida y poder vivir en el lugar fetiche de obras como El Barbero de Sevilla, Carmen o Las bodas de Fígaro no tenía precio. Tampoco lo tuvo ni aquel partido, ni el Betis-Sporting de tres años antes; los maletines sobraban porque la desgracia del vecino era impagable.

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2 respuestas a “Tíos honrados”

  1. Asilvestrat dice:

    No conocía la historia, soy demasiado joven. Pero demuestra que la vida no está hecha para los justos y honestos. Los intereses se anteponen a casi todo.
    “Chapeau” para Olsen. Ojalá todos fueran así.
    Grande Vana!

  2. Francisco dice:

    Yo estuve en el campo como socio que era y sigo siendo y me marché al descanso. Aquello fue una vergonzosa pantomima que no hizo otra cosa que manchar el nombre del club. Olsen fue el único con la decencia suficiente para plantar cara. Aún recuerdo a Juric agachándose para evitar despejar una pelota.

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