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Tal día como en 1981

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A Ronald Reagan no le tembló el pulso cuando tuvo que sofocar la huelga de controladores aéreos que azotó Estados Unidos en agosto de 1981. Entonces, el presidente norteamericano decidió enviar cartas de despido a los más de doce mil huelguistas que dejaron de trabajar por cinco días consecutivos. Sus protestas no cambiaban demasiado de las huelgas que el mismo gremio ha protagonizado en los últimos años: aumento salarial, menos horas laborables por semana, anticipo de la jubilación y hasta un abono del retiro cuando se debiese a problemas de salud. El gesto del presidente fue aplaudido en el país; si había podido replicar a los sindicatos de una profesión tan privilegiada, a quién no podría plantar cara la Administración Reagan. Justo treinta años después y salvando las distancias de sueldos medios, los futbolistas de la Liga Española se han comprometido a no empezar el campeonato si la Liga no deja de remolonear y paga a los doscientos jugadores adeudados con sendas familias pendientes de un apretón de manos entre Liga y la Asociación de Futbolistas. “Ahora mismo lo veo prácticamente imposible. La gran parte de los clubes entienden nuestras tesis”, así de contundente se explica Luis Rubiales, presidente del colectivo de futbolistas, cada vez que comparece ante los medios desde el anuncio de la huelga del pasado jueves. Quizá la presencia de ese otro gremio privilegiado, con Casillas, Puyol, Xabi Alonso y el grueso de futbolistas de ‘clase media’, le ha servido como resorte definitivo para desafiar a José Luis Astiazarán, máximo mandatario de la LFP, y exigirle sin vaciles ni amagos garantías salariales para pagar a quienes no han cobrado. La foto de la AFE con Rubiales en primer plano y secundado por los líderes de Madrid  y Barça evidencia que, incluso, a las estrellas del espectro multimillonario les importa que rivales de esta temporada como los del Rayo Vallecano o plantillas de otras categorías como la histórica Cultural Leonesa o el Poli Ejido sufran gestiones empresariales nefastas.

El órdago de los futbolistas ha suscitado la alarma social porque en este país política y fútbol (fútbol y política) son la gracia de los mentideros populares. Las amenazas de huelgas de los controladores aéreos causan animadversión, primero por el caos que propician en los aeropuertos y, segundo por los sueldos exagerados en relación a las horas de trabajo; el de los deportistas sencillamente irrita por sus cifras astronómicas. Pero, como dijo ayer Michael Laudrup, entrenador del Mallorca, en la concentración de pretemporada, “no todos los jugadores cobran mucho”. Cierto. Siempre he creído que Cristiano Ronaldo cobra doce millones anuales y Messi once porque los generan, y en sus casos es así porque sus clubes pueden permitirse pagarles a fin de mes.  No obstante, la atención mediática ha virado de la burbuja inmobiliaria a la del fútbol…el trasfondo de la huelga apunta a los clubes que fichan jugadores y les prometen sueldos imposibles.  Y, por ello, sí es urgente acordar un fondo que garantice los impagos: dice Astiazarán que la Liga ofrece un fondo de cuarenta millones, aunque la AFE exige diez más. Ese margen será la cuestión de bóveda que dirimirá si hay o no fútbol el próximo fin de semana.

Los jugadores están en su derecho de huelga, pese a la afrenta popular que ocasiona la decisión  y más ahora, que España agoniza en una disyuntiva económica peligrosísima. Pero son un colectivo profesional como cualquier otro en cuanto a derechos institucionales, aunque esta vez, a diferencia de 1981 en Estados Unidos, el país no se congratule de su valiente determinación. Seguro que los vestuarios del Jumilla o  de La Muela, que están pasando las de caín para pagar sus hipotecas, encuentran cierta motivación en la postura del portero del Real Madrid. Si la huelga va adelante, los clubes deudores entenderán que su impunidad ha llegado a su fin, porque la futura Ley del Deporte ya se está gestando y contempla el descenso de aquellos que no hagan buen uso de tesorería. Además, las pretensiones de la AFE también disparan a la tramposa Ley Concursal, artimaña para clubes que se agarran a un mástil para evitar sanciones. Es el caso del Zaragoza, vivito y coleando en Primera, y con el portero Roberto fichado por nueve ‘kilos’ gestionados vía el paraíso fiscal de la Isla de Jersey. O sea que la Liga no tiene escapatoria para no arreglar el fútbol español, tan reluciente en ventas como oscuro en sus maneras de vivir (que se lo preguntan a la Seguridad Social). Es el pulso de dueños ricachones con ínfulas de ‘empresario del año’ (porque debe molar tener un club de fútbol) contra jugadores que cambian de camisetas seducidos por jugosas fichas y, en muchos casos, engañados por balanzas de pagos poco reales. La diferencia es que aquellos controladores de Reagan pidieron más por ellos mismos, mientras que estos futbolistas piden lo justo y correspondiente por sus colegas de profesión.

P.D: Para seguir inflando la burbuja, el Anzhi ruso ha ofrecido a Samuel Eto’o veinte millones anuales. Allí los oligarcas del gas y el petróleo no van de farol, así que si se los pagan…

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Una respuesta a “Tal día como en 1981”

  1. zimerio dice:

    no me parece lo mismo que el tema de los controladores. ésta gente va a la huelga porque no se paga a compañeros. al que trabaja se le paga, y si cobra una cifra descomunal mejor para él. una cosa es envidiarlos y otra que los empresarios piensen que pueden hipotecar la vida de la gente y quedar impunes.

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