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Cristiano y el Cal de James Dean

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Durante el rodaje de Al Este del Edén, James Dean soltó en una entrevista uno de sus prontos rebeldes…”No puedo obligarme a ser un ser humano sociable cuando estoy trabajando en un personaje como Cal (su personaje en la película), que es esencialmente demoníaco”. En dicha película, Dean interprete su rol fetiche, el de un chico rebelde que repele los convencionalismos de la época, representados por su padre. El director, Elia Kazan, apostó por Dean porque él representaba el relevo generacional del Hollywood de mediados de los cincuenta. Pero si hubiera sido contemporáneo, Cristiano Ronaldo también habría sido actor predilecto del mítico Actor’s Studio de Kazan. Sorprende que el “soy rico, guapo, gran jugador y me tienen envidia” haya herido tantas susceptibilidades (si es que lo ha hecho) y no haya sido tomado como una frase célebre más del CR7 personaje; porque la ironía no estaba mal tirada, aunque fue políticamente no correcta sino nefasta. Salió del estadio Maksimir cojeando y con el tobillo hecho trizas, y debía sacar toda la rabia reprimida, la que el árbitro, émulo de Ovrebo según Eladio Paramés en su twitter, no contuvo en el césped. A Cristiano le cosieron a patadas, cada cual más agresiva, y el portugués encontró un argumento ocurrente y quizás cierto para explicar su persecución: sí, es rico, evidente; sí, es brillante en el campo, indudable…y lo de guapo está sujeto a opiniones muy personales. Actúa como un James Dean de la vida: le importa su ego futbolístico, porque le regala todo lo demás. Y, guste o no, ha pulido un personaje poderoso pero distante; voltaico, aunque chulesco; omnímodo y adusto a la vez. Cristiano ha mamado en un año el carácter público de su entrenador: sinceridad solemne, aunque no siempre sea el protocolo adecuado.

La ironía no es sino más carnaza para la prensa. A Cristiano le ponen a parir en los campos porque no agacha la cabeza, sino que aprovecha los flashes para inmortalizar su chulería. Él, como dice Juanma Castaño en su artículo de ayer en Sportyou, sí hace caso al público, irreverencia que éste considera como afrenta. Por eso, cada partido de visitante es una historia con un único argumento: intentar enrabietar a la estrella. Pero el portugués, como Mourinho, se monta su película; sabe que es tarde para lucir un carácter más de Messi o simplemente se siente cómodo enfundado en su camiseta prieta. No obstante, debió matizar mejor su declaración: no se trata de envidiarle sino de comprenderle. Seguro que el Bernabeu ruge la próxima vez que aparezca sobre el tapete. Y aunque los modales le pierden, intuyo que su esfuerzo por arramblar con todas las distinciones a las que pueda aspirar (copas, pichichis, botas y balones de oro,….) va enfocado al aplauso de la grada. Quiere ser el mejor y que se lo reconozcan; su antipatía le trae al pairo. El análisis freudiano de CR7 guarda muchas similitudes con el de Dean…”intento con todas mis fuerzas que la gente me rechace, ¿por qué?”. Puede que el portugués se lo pregunte a sí mismo incluso en sueños, aunque no le importe encontrar la respuesta.

Pero la culpa de la sobredimensión de Cristiano es nuestra, de los periodistas. Acostumbrados al sopor de las ruedas de prensa, el madridista para las rotativas cuando sale para decir realmente algo. A veces su vehemencia le estalla en la mano….”A ver si el Barça nos mete ocho a nosotros” (declaraciones al micrófono de Susana Guasch de La Sexta después de la jornada del Almería 0-Barcelona 8 y Real Madrid 5-Athletic 1). A la semana siguiente los azulgranas dejaron el clásico en cinco goles, pero bien pudieron ser ocho. Sin embargo, también confiesa verdades que dejan boquiabiertos a sus detractores y bajo amenaza de castigo…”no me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme” (crítica velada al planteamiento táctico de Mou en la ida de Champions contra el Barça). Lógicamente, no fue convocado para el Madrid-Zaragoza que venía después. Ése es Cristiano, el que juega para ganar y punto. El propósito de James Dean “no incluía el anhelo de encandilar a la sociedad”, Cristiano sí quiere, pero al estilo del Cal demoniaco.

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