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“Me parto de risa con la crisis del Barça…”

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“Me parto de risa con la crisis del Barcelona, me parece una coña. Son profesionales, son los mejores y cuando no están contentos, tienen ganas de que llegue el partido más próximo para quitarse el mal sabor de boca“. Lo dijo Joaquín Caparrós en la COPE la víspera. Y no le falta razón, porque el runrún de las ‘crisis’  se reduce a una cuestión mediática: cuando la prensa murmulla dudas o se atreve a mentar la fatídica palabra en los dos grandes, estos se revuelven y callan bocas a base de repasos. Al Barça se le había apuntado con mira telescópica: haber ganado por la ley del mínimo esfuerzo suscitó dudas de autocomplacencia. Tales sospechas le perseguían desde Gijón (0-1) donde Guardiola reclamó fútbol control en vez de un ataque total. Y aunque sí es cierto que en Granada el Barça abusó de apatía mareando el balón de un lado a otro sin intención ninguna, también por la inestimable ayuda de un rival abúlico, al campeón no se le puede exigir sesiones diarias de Circo de Sol.

En una sola tarde, Messi ha revertido una situación inventada desde el periodismo de camiseta. Hace años el maestro José María García comentó que soltar en un micrófono ‘crisis en el Madrid’ daba más morbo que atacar al imperio del monopolio; en una coyuntura así, el Madrid era de interés público.

Ese periodismo de camiseta (tendencia acuñada en el fútbol sudamericano) ha utilizado un lapsus futbolístico de Messi para proclamar el principio de un caos en Barcelona. Un puñado de partidos malos del argentino (bueno, malos porque no había marcado) habían colocado a Guardiola en el ojo de varios huracanes….el de la plantilla corta, el de las lesiones provocadas por una mala pretemporada o el de la osadía táctica de los tres centrales. Y como suele ocurrir en estas tesituras, basta un partido para que todas las tesis maniqueas revienten. En este caso, Messi ha vuelto por la puerta grande llevándose otro balón a casa y un Barça sin su CPU habitual (Xavi) ha funcionado con la inercia natural que le hace campeón. De todos modos, los debates en los medios se alimentan de comparaciones, pues necesitan referencias para juzgar qué es mejor o peor. Y, evidentemente, el mes arrollador del Madrid era el señuelo perfecto para dar la tabarra con la esporádica imperfección barcelonista. MARCA publicó ayer que Guardiola había dado un toque de atención al vestuario: al parecer, no le había gustado el fútbol práctico de Granada. Quizás, los últimos resultados permitían dos análisis: relajación premeditada o mala suerte. Ocurrió lo mismo a principios del 2010…entonces, el Barça fue eliminado de la Copa por el Sevilla muriendo con las botas puestas en el Pizjuán. Necesitaba dos goles y se quedó en uno por la épica de Palop. Y cuando se barruntaba una ‘crisis’, el Barça se reivindicó con un 4-0 liguero, precisamente, ante el Sevilla.

Casi dos años después, la casualidad ha querido que otro portero del Sevilla haya hinchado la mentira de la ansiedad azulgrana. Pocas veces un solo jugador se lleva todo el mérito de los once…Javi Varas salvó a su equipo de una goleada de proporciones bíblicas y el empate valió de coartada en los mentideros periodísticos para barruntar un Barça en barrena. Hasta el mismo Messi se sorprende de las charlotadas…”Parece una locura que se diga que, después de tres partidos sin marcar, esté en crisis. No me interesan los goles, cuando puedo los marco y cuando no, pues no pasa nada”. Desde luego y a pesar del fútbol práctico que ha evidenciado en algunas ocasiones, el Barça vuelve a su estado natural cuando le apetece…o cuando le buscan las cosquillas. Sí, Caparrós, es para partirse de risa…y sí, también era irrisorio cuando Levante y Racing vaticinaban el ocaso del Madrid de Mourinho.

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Una respuesta a ““Me parto de risa con la crisis del Barça…””

  1. David dice:

    Esta bien este artículo dado que hecho de menos que haya un sólo perdiodista que critique la manera de hacer del perdiodiscmo deportivo, escusandose muchas veces que los oyentes son bastante inteligentes para luego sacar sus propias conclusiones, hecho totalmente incierto cuando el locutor (que son casi todos) es un periodista de camiseta, y me hace gracia cuando el periodista reconoce que es un debate absurdo, pero excusandose de que está en la calle, y me gustaría decir: ¿y quién lo puso en la calle?

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