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Cazafantasmas

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La selección llegaba a Salerno en plena reconstrucción nacional. José Antonio Camacho había sido elegido por Villar para renovar el ‘patapum parriba’ tan característico de Clemente y, en consecuencia, aquel Italia-España trascendía de ser un amistoso más. Allí, en tierras transalpinas, el combinado español se jugaba su escasísimo crédito popular, desmenuzado meses antes en Chipre, y si acaso, empezar a codearse con los gigantes europeos.

Los españoles salieron atenazados, quizás por el respeto y el miedo que infundía la eterna potra italiana…Raúl se quedo sólo en su liderazgo y un sorprendente Míchel Salgado le echó una mano con unas galopadas inolvidables. El partido acabó con empate a dos goles y Camacho, en rueda de prensa, dio a entender con una afonía estridente que habían entrado tarde al partido porque “enfrente estaba Italia, una selección con nombre y que asusta”. El seleccionador apostilló que habían ido tan en serio que si jugaban siempre como en la segunda parte, “nunca tendrían que preocuparse del contrario”.

Un año después de Salerno, España se enfrentó a la Brasil de Ronaldo en Balaídos…Morientes mandó un balón al palo y, aunque no hubo goles, era obvio que el concepto de ‘amistosos’ se había esfumado: la selección levantaba el hacha de guerra en cada compromiso de su presidente y la opinión pública se lo reconoció a Camacho. Entonces, esos amistosos eran la única coartada para reivindicar que algún día, a lo mejor, este país podría levantar títulos. La Eurocopa de los Países Bajos volvió a dejar un regusto amargo y, entonces, la Federación planificó una serie de amistosos de alto standing para justificar que España no estaba desorbitada a una distancia sideral de los campeones. Pero, lejos de levantar el ánimo nacional tras el penalti fallado por Raúl contra el portero galo Barthez, las citas internacionales desencadenaron una ristra de decepciones a cada cual peor: primero fue la paliza en Alemania por 4-1 justo después de la Euro del 2000; en noviembre, La Cartuja de Sevilla fue testigo de cómo Holanda ganaba un partido tirando de oficio y sin esfuerzos sobrehumanos (1-2) y a principios del siguiente año fuimos a Birmingham a recibir un rapapolvo de juego aéreo (3-0 para los ingleses). Ya ni siquiera los amistosos servían de cortina de humo…la selección se achantaba en las grandes citas: daba igual que fuesen citas oficiales o los bolos que daban ciertas garantías al currículum español. La única solución para responder a las diatribas públicas era llegar a semifinales de un mundial o eurocopa sin discusión. No cabían más interpretaciones.

Una década después y en pleno apogeo histórico, España (el país) todavía debate a su selección en los amistosos…”Me parecen una estupidez los comentarios de los últimos días”, espetó Iker Casillas anoche en El Partido de las doce de COPE. Evidentemente, las críticas a las últimas derrotas no han pasado inadvertidas en la concentración española: Argentina encendió hace un año la chispa de la inmerecida corriente que achaca a La Roja demasiado tiqui-taca sin intenciones letales, y Wembley terminó de inflamar ese ‘pero’ quisquilloso que le estamos criticando a Del Bosque. A la selección le sucede como al Barcelona: sus historias han alcanzado un clímax incomparable y cuando la perfección se deteriora, atisbamos nubarrones. Precisamente, la victoria en el Mundial terminó por disipar la idea de que a España le venían grandes los torneos serios…Sudáfrica cambió para siempre la consigna nacional: habíamos sido buenos en los amistosos y lo acabamos siendo donde debíamos. Pero los bofetones recibidos en Buenos Aires (4-1), Lisboa (4-0), Italia (2-1) y el de Inglaterra del pasado sábado han vuelto a calentar las plumas de la prensa: Johannesburgo es un recuerdo inolvidable, sí, pero pretérito…y como las odas al fútbol español aborrecen al público y no dejan de ser ese ‘chau chau’ que inventó Jesús Gil, nos estamos dedicando a jugar a los ‘cazafantasmas’ con la selección. Sinceramente, da rabia porque por fin hemos conseguido las credenciales reclamadas desde tiempos inmemoriales. Y, a pesar de que el último escenario guardase borbotones de mística, España no traicionó a su inercia…más bien, Capello pergeñó un plan indigno para un equipo al que, inexplicablemente, todavía le dejan llevar chaqué. Puede que la selección sufra una crisis de perfección, pero mientras sólo sea ese síntoma… 

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2 respuestas a “Cazafantasmas”

  1. Roberto G. Prada dice:

    Totalmente de acuerdo contigo, Carlos. Pero también hay que escuchar voces del otro lado, siempre que sean moderadas y no digan astracanadas. Te dejo el link a la entrada de un blog que ve la cosa desde otro prisma (y de paso le echas un vistazo, es un blog que hemos empezado tres amigos).
    http://freemasonstavern.wordpress.com/2011/11/15/el-tiqui-taca-y-el-tio-que-siempre-amaga/

    Un saludo.

  2. JAVIER dice:

    No majo, no es un problema de perfección, es un problema de otro tipo, y se llama del bosque el cual de táctica 0, de no saber que hacer 0, de no saber atacar un defensa poblada 0. Luis Aragonés tenía mando, táctica y estrategia a raudales, y este señor no sabe hacer la O con un canuto. Yo estoy en contra de este señor desde que llegó, y como llegó, CON UNA FILTRACIÓN…..

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