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San Siro les devolvió la gloria

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Corría el minuto 56 de partido en San Siro y el Barcelona seguía sin encontrar resquicio alguno en la defensa pétrea del Milan. El mister Ancelotti había construido un fuerte con Nesta y Stam de pilares y cementado con la argamasa de Gattuso. El objetivo único y exclusivo del Milan era cegar a Ronaldinho, dadas las bajas de Deco y Messi, y esperar una contra de Shevchenko o un balón rapiñado por Gilardino. Durante la semana previa, el antecedente fatídico de la Champions de Atenas 94 había retumbado en Barcelona hasta el punto que Rijkaard prefirió emular las intenciones italianas renunciando al fútbol jovial que le había colocado en semifinales.

Pero fue en ese minuto, con el partido exento de ideas, cuando el ‘Gaucho’ se acercó al borde del área y coló un balón entre la guardia milanista para que Giuly machacara a Dida con un zurdazo a bote pronto. A partir de entonces, el propio Ronaldinho mandó un balón a la base del poste e Iniesta se reivindicó como el jugadorazo que nacería aquella noche. Con el 0-1, el manchego pidió galones al brasileño y maniató el partido a su antojo. Tan desmesurado fue su temple de balón que el Milan sólo pudo inquietar con un cabezazo de Ambrosini a centro de un oscurecido Kaká. El Barça metía pie y medio en la final de París, y lo más importante…volvía a creerse alguien respetable en Europa. El proyecto de Rijkaard, que pudo acabar prematuramente si Laporta no hubiese frenado a su vicepresidente Sandro Rosell, por fin cosechaba éxitos de gran calibre: habían ganado la anterior Liga, pero no era suficiente para las aspiraciones del holandés.

Aquella noche primaveral de 2006 no fue una más en la historia moderna del Barcelona. El doctorado cum laude en uno de los santuarios europeos más solemnes le había quitado esa fobia a las grandes citas europeas que contagió Van Gaal y continuó durante el lustro ominoso de Joan Gaspart. Con el Madrid ‘galáctico’ languideciendo, el fútbol español devolvía un pretendiente al primer pedestal del viejo continente; San Siro fue la premonición de la victoria final en París ante el Arsenal y la segunda Copa de Europa supuso el renacimiento de un equipo que una vez había reinado con uno de los estilos más preciosistas que se recuerdan.

Esta noche el Barça regresa al campo de batalla que le devolvió la hombría y lo hace con otro talante: ya no tiene que pasar más reválidas sino que debe demostrar que no ha perdido voracidad. Y el examen quizá sea más moral que deportivo (gane o pierda, estará en octavos)…el Milan se ha reseteado rejuveneciendo a un equipo oxidado en los últimos tiempos y con Ibrahimovic clamando a Guardiola vendetta.  El entrenador azulgrana no supo gestionar la exagerada egolatría de Ibra y decidió fulminarle un año después: el decálogo de Pep siempre ha corrido serio peligro con estrellas díscolas (primero fue Ronaldinho, después Eto’o y por último, el sueco). Hoy se verán, puede que se saluden, pero Guardiola apenas prestará atención al morbo; porque ganar en Milan convencerá a la opinión pública de que este Barça no desbarra pese al eclipse total del nuevo Madrid de Mourinho. Otra victoria en el mismo santuario le dará la inyección necesaria para encarar el clásico e intentar aguar a Neymar los fastos centenarios del Santos. De lo contrario, las viejas sospechas del escaso fondo de armario, las múltiples lesiones musculares y la autocomplacencia aflorarán, sobre todo entre la ‘central lechera’, de cara a la carrera por el Madrid-Barça. En definitiva, el Milan-Barça cobra de nuevo importancia capital, no para que el Barça desafíe a su grandeza como en 2006 sino para que no se le tuerza su hoja de ruta que empieza en San Siro.

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3 respuestas a “San Siro les devolvió la gloria”

  1. Messinita dice:

    Te olvidas de un más que dudoso penalty de Puyol a Shevchenko que podría haber cambiado todo.

  2. Cristiano Romualdo dice:

    Yo lo que recuerdo es un gol anulado a shevchenko en el camp nou

  3. Mosto dice:

    #Messinita puestos a acordarse de errores arbitrales lo mismo habría que acordarse del Fuera de Juego de Mijatovic en la Séptima o un penalty en el área del Madrid con 0-0 en la Novena. No sé porque hay que andar pensando en todas estas cosas, el Madrid ganó 9 Copas de Europa no porque le ayudaran los árbitros sino porque en los momentos importantes demostró ser el mejor, pues el Barça en los últimos años igual, quién se meta a decir tonterías de árbitros mejor estaba calladito porque todos los equipos tienen “muertos” en sus armarios.

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