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“Dime con qué mediocentro andas y te diré qué equipo eres”

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Josep M. Artells escribe hoy en Mundo Deportivo que “todos los cromos del Barça tienen igual valor” y que, por tanto, Guardiola puede despistar al rival de turno con una buena ristra de variantes tácticas. Los dibujos de pizarra podrán trazar tres o cuatro defensas; a Alves de extremo puro o un desfile en la medular de talentos entre Thiago, Cesc, Busquets o Keita. Pero con el permiso (y el adiestramiento) de la ‘CPU’ Xavi Hernández, es Iniesta quien siempre debería permanecer en los galimatías tácticos de Guardiola. La goleada del Rayo volvió a dejar la sensación unánime de que el manchego ha creado los mecanismos de este Barça: él es quien sube las revoluciones de esos ataques lentos pero acompasados y sólo él descubre, como si jugara con gafas de visión nocturna, los resquicios para abrir defensas enrocadas….a Messi le basta con sacar a paseo su catálogo de regates, fintas y amagos. Recuerda mucho a Raúl, el eterno siete, por su inteligencia en el césped: es buenísimo no por fabricar jugada en cadena sino porque siempre toma la decisión correcta.

Vujadin Boskov persiguió toda su vida la obsesión de “como juega un medio del campo, así juega un equipo”; quizás el fútbol de Iniesta extrapole esa idea a su equipo. Porque, a pesar de que a Guardiola le gusta escorarle a la banda, su inercia natural tira al centro, aunque también haya asimilado ese rol de interior a veces tan inexplicable para los folclóricos del 4-4-2. Y como es el manchego quien vertebra la columna azulgrana, el fútbol del grupo depende en exceso de su inspiración. Prueba de ello fueron los pases soporíferos que Xavi, Busquets y Thiago se intercambiaron sin ton ni son en Getafe: ninguno interpretó el juego entre líneas y el Getafe no se devanó los sesos para tapar a Villa y Alexis (el caso de Messi va a parte dado que tiene patente de corso).

Al Barça se le achaca esta temporada que no quiera (o pueda) meter la sexta marcha en sus transiciones. Demasiados toquecitos y sobos de pelota para llegar a la portería, salvo cuando juega Iniesta. Y no es porque él prefiera cuadrar una jugada en dos o tres pases, al estilo del nuevo Madrid de Mourinho, sino porque la artesanía de las ofensivas made in Barça requieren paciencia y, como en el Trivial Pursuit, pensar la respuesta acertada. Si al Madrid le pirra encontrarse con una pista de sesenta o setenta metros para lanzar sus galgos, Iniesta es experto en desesperar defensas con combinaciones o triangulaciones en apenas un puñado de metros cuadrados. Simulando a Boskov, Juanma Lillo también desveló un día su preocupación capital…”dime con qué mediocentro andas y te diré qué equipo eres” (frase célebre recogida en el libro Frases de fútbol de Miguel Gutiérrez, alias La libreta de Van Gaal). Nunca antes los dos grandes habían mostrado con tanto descaro semejante ocurrencia. Pero sí, es más fácil que Messi esté lucido si su compañero mantiene ocupado al enemigo tapando goteras. Será gracioso averiguar quiénes reciben tal encargo el 10-D: si Mourinho se decide por su ‘triángulo de presión’, que no trivote, Lass y Khedira se las tendrán que apañar para neutralizar pases letales; pero si el técnico es valiente, entonces serán Ramos y Pepe los que pasaran una reválida definitiva para pareja del año. El periodista Artells tiene razón: los cromos del Barça tienen igual valor, pero con un matiz decisivo, todos excepto el de Iniesta.   

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