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El incunable de Enrique Cerezo

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El mausoleo de entrenadores del Atlético vuelve a abrir sus puertas. La cabeza de Goyo Manzano, especial para coleccionistas que no pudieron conseguirla en 2004, quedará exhibida en una vitrina dentro de pocas horas: es obvio porque ha perdido dos de las tres vidas que le concedió el club después de los ominosos veinte minutos ante el Espanyol. Y como anoche la afición salió del campo encabronada por enésima vez, urgía sofocar otro motín popular; así que Enrique Cerezo, quien sabe si teledirigido por la dirección de comunicación del club, fue forzado a hacer la tournée por las radios. Su coartada fue la de siempre: ellos (Gil Marín y el presidente) ponen el dinero y esta vez no han escatimado gastos “para hacer un equipo campeón”. Tal argucia no funcionó con Luis Enrique, quien prefirió la aventura romana, ni con Caparrós, que intuyó que al Atlético no le seduciría su filosofía de trabajo lenta pero provechosa…o sea que, por descarte, Caminero tiró de rango y entre tanta incertidumbre eligió a Manzano. Con un descaro ya muy típico en este club, Cerezo sólo pronunció una frase durante la presentación del entrenador el pasado junio…”buenos días y buenas tardes a todos”, le falto añadir el buenas noches de Jim Carrey en El Show de Truman. Salió a la palestra en calidad de presidente y posó delante de las cámaras esperando a que terminase el suplicio. El propio Manzano le había pedido un esfuerzo para retener a alguna estrella…pero el Kun ya había pataleado para largarse y a Forlán le horrorizaba el panorama, más cuando su sublime Copa América evidenciaba que no pintaba nada en Madrid, si no era para el Real.

Cerezo adelantó que el club tomaría decisiones drásticas, o sea, otro ingenuo al banquillo para comerse un marrón más. Pero cuando le apuntan a él directamente, le sale la vena folclórica…”¿Por qué no me voy? Llevo 18 años en este club y no se me ha pasado vender mis acciones”. Jesús Gil soltaba crochets más contundentes, pero también más respetados que el eterno discurso grouchiano de su predecesor; si el tema versaba sobre cambios en el banquillo, se le ocurría decir…”para mí, echar a un entrenador es como tomar una cerveza. Puedo echar a veinte en un año. Hasta cien si hace falta”. Así, sin titubeos ni ambages. En cambio, la estrategia de Cerezo nunca ha sido tan exagerada, pero sí mucho más incongruente; tan pronto pide “respeto por Manzano que es nuestro entrenador” como, dos días después y quizá pensando que no tendría largo alcance, espeta en una radio argentina que Simeone es “amigo y siempre ha estado presente en el club”.

El Atlético vendió el último doblete (Europa League y Supercopa) como el punto de inflexión para recuperar la grandeza mancillada por pésimos proyectos, jugadores verbeneros y una intervención judicial que, incluso, algún accionista oteaba de lejos. Quique Sánchez Flores engendró un equipo competitivo que no tuvo continuidad de títulos, pero al que ni Gil Marín ni Cerezo tampoco se esforzaron en dársela. Como siempre, lo más importante eran ellos y cualquier decisión deportiva quedaba supeditaba a las sucesivas aprobaciones del presupuesto del club: si llegaban copas, mejor, si permanecía el ostracismo, pues igual de bien.

Al menos, la entidad consiguió fingir su caché hasta no hace mucho: en concreto, 2005. Entonces, Carlos Bianchi fue el elegido para acabar con la sangría de entrenadores; sus cuatro Libertadores, tres Intercontinentales y un palmarés único en Argentina fueron el reclamo publicitario que usó el Atlético para anunciar que todavía podían traer a los mejores del mundo. La puesta de largo de Bianchi, en junio de 2005, fue una retahíla de loas. El propio Cerezo presumió de haber traído entrenador de prestigio internacional y confesó que, de una vez por todas, tenían “grandes esperanzas en el entrenador para lograr éxitos”. Poco tardó Bianchi en percatarse de los extraños mecanismos de su nuevo club. Al principio, justificó que llevaría tiempo amoldar a los jugadores a su sistema y después se rindió…”hay que cambiar jugadores o el esquema, porque algo no funciona”; después, entendió que sus jefes no aguantarían su estilo demasiado tiempo y tras un desastroso empate ante el Alavés con varios goles encajados de cabeza, sugirió que “a lo mejor había que fichar a Michael Jordan”. Al final, los resultados le fueron adversos y en enero de 2006 toda la ilusión del proyecto más ambicioso y mediático de la década se fue al garete…”Siempre hemos tenido fe en Bianchi, pero lo mejor para el Atlético es que no continuara”. Otro capítulo imperdible del incunable de Enrique Cerezo.        

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2 respuestas a “El incunable de Enrique Cerezo”

  1. Antonio dice:

    Mira que gasta usted tinta para decir tan poco…
    Gil y Cerezo son los culpables de la situación del Atletico porque han convertido el Club en una agencia de compraventa de Jugadores.Han destrozado su historia,su patrimonio y su espíritu.El Atlético es el Club mas deudor de la Liga gracias a la gestión de estos dos Delicuentes según la Justicia de este país…ah!y 50 entrenadores en 24 años…
    Que le parece Sr.Vanaclocha?Muy poca tinta y mucho contenido y no soy periodista…soy del Atleti, y no encubro a nadie…

  2. mayelkin dice:

    y ami q me importa osea nene por favor ubícate ok……………………ok

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