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Off the record

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Al periodismo deportivo sólo le faltaba otro obstáculo más en busca de su credibilidad perdida. El Barcelona investiga quién filtró a los medios la incendiaria opinión de Xavi Hernández sobre que el Madrid “no sabe perder”, comentada distendidamente con dos periodistas de Barça Tv después del último clásico del Camp Nou y fuera de antena. Era un charla off the record, pero algún espía no se resistió a filtrarla: la resaca mediática de los Barça-Madrid ponen patas arriba los kioscos y suben como la espuma la audiencia televisiva; en consecuencia, una buena ración de declaraciones morbosas es un plato demasiado suculento como para mantenerlo embargado, aunque transgreda el código deontológico de un periodismo demasiado vulnerable ante la nueva praxis del ‘vale todo con tal de vender’. Pudiera parecer un accidente, pues en ocasiones las televisiones reciben grabaciones que incluyen conversaciones mudas, las que no salen a la luz. O sea que, ¿algún editor pudo haberse equivocado mandado íntegro el audio de la entrevista? Una casualidad excesivamente caprichosa en estos tiempos en los que Madrid y Barça delatan un periodismo de camiseta bastante descarado con su parte interesada.

Y como la era tecnológica permite retwittear hasta la saciedad cualquier comentario o difundirlo en un pispás desde la estepa rusa hasta la Patagonia chilena, la codicia por sacar a la luz declaraciones políticamente incorrectas (vamos, las verdades de Mourinho) no tiene precio, ni aunque la ética profesional esté por medio. Ayer volvió el fuego cruzado, como era de esperar: ese ‘no saber perder’ fue pregunta obligada a Aitor Karanka, quien en su discurso mimético de su jefe se está convirtiendo en The Special Two. ”Sabemos perder, pero no así”, respondió Karanka con insinuación velada al árbitro Teixeira Vitienes. Pero el caso es que Xavi nunca debió espetar nada del rival, ni aun con el pilotito rojo de la cámara apagado; nuestro periodismo deportivo está demasiado alborotado como para que los futbolistas se fíen del todo. Obviamente, vulneraciones como la de Xavi dejan a los reporteros con contactos dentro de los vestuarios a la altura del betún. Y aunque suene a rollo de universidad, la confianza con las fuentes desaparece de un plumazo desobedeciendo el off the record.  

Hace unos años el gran Shaquille O’Neal también fue traicionado por un micrófono sin escrúpulos: la ex estrella de la NBA estuvo charlando con un grupo de periodistas después de una comparecencia pública; se trataba de una charla distendida de persona a persona, en confianza. Y de repente, Shaquille, en una de sus innumerables metáforas de la vida aplicadas al baloncesto, les comentó: “si contratas a un asesino, déjale que haga su trabajo. Yo no puedo ser Shaq tirando sólo seis veces a canasta”. Un reportero presente publicó la frase y la opinión pública acribilló al lenguaraz jugador, dada la susceptibilidad que el pueblo estadounidense tiene con sus ídolos. A pesar del descuido, a Xavi no se le poner en el disparadero: dijo lo que pensaba en un entorno de confianza del que no esperaba grietas. Y el filtrador de turno pudo meditar si usar la opinión de Xavi para tertulias futboleras o desnudarla, tal como hizo.  Precisamente, los off the record sirven para que los periodistas no sean personas que se pasan media vida escribiendo de lo que no saben y la otra media sin escribir lo que saben, como dijo un periodista holandés llamado Robert St. Bosschart en un artículo en El País. Por ejemplo, MARCA se llevó la gloria el domingo pasado cuando publicó la bronca entre Mourinho y Sergio Ramos: utilizó  una fuente fidedigna que le chivó una información que fue noticia. Las conversaciones en los campos de fútbol también son mérito de los micrófonos que lo captan, como suele hacer Canal Plus: quién no recuerda los reproches de Fernando Hierro a un linier en un Real Sociedad-Real Madrid del 93 gritándole ‘¡Ya no sabes cómo jodernos! o el ‘¡Va a jugar tu puta madre’ que le profirió otro Fernando, Morientes, a su entrenador Vicente Del Bosque cuando éste le iba a conceder un puñado de minutos en un Madrid-Dortmund de Champions.

En definitiva, los periodistas tenemos que intentar lidiar sin romper las reglas. De lo contrario, que no nos sorprenda que el público adopte la definición de periodista que el personaje de Jack Lemmon, el implacable reportero Hildy Johnson, suelta en la película Primera Plana…. “Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto“. Quizá no de manera tan grotesca, pero sí puede ser una descripción válida.

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