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Men in Black

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Era irremediable. El jefe de los árbitros tuvo que salir a la palestra para apaciguar el fuego cruzado entre los dos clubes que, precisamente, gozan de bula arbitral indefinida. Sánchez Arminio defendió a su gremio ante la avalancha de obuses que se le avecinaba: alguno, directo a la cara como el de Mourinho en el parking del Camp Nou esperando a Teixeira Vitienes y otros menos macarras pero igual de intencionados: “En lo que llevamos de año no pinta bien para el Barcelona”. insinuó Sandro Rosell esta semana. Pero la película de los ‘Men in Black’ todavía guardaba un actor por sorpresa para la escena ¿final?; el Valencia también se aprovechó de luces y taquígrafos para quedarse a gusto y reivindicar que ellos, quizá no al nivel de la bicefalia del fútbol español, también pueden dirigir un lobby muy potente contra las cagadas arbitrales. “Está claro que hay que hablar de los árbitros”…la cara de Manuel Llorente era la de un presidente harto de tanto vacile y que, encima, paga el pato para que el resto se quede satisfecho. Habría que preguntar a Rosell cuando decidió no atender al micrófono de Mónica Marchante: si justo después del ‘resbalón’ de Pinto o al término del partido, consciente de que en el resumen no aparecería ninguna moviola descarada en contra del Barça.

Manuel Llorente armó el arpón con premeditación: su queja nada vehemente puede que sea tomada a broma o, a lo mejor, tiene el recorrido que un antecesor suyo, Jaume Ortí, jamás habría esperado por otro pataleo. El 15 de febrero del 2004, más o menos a la hora que estalló anoche Llorente, el entonces presidente ché  se resignó a decir en el antepalco del Bernabeu “la Liga ya tiene dueño y no hay nada que hacer”. Ortí pasó de acusar directamente el ingenio de Tristante Oliva, cuando a pocos minutos del final se inventó un penalti a favor del Madrid de un forcejeo entre Marchena y Raúl. Por si colaba, Ortí decidió reventar el micrófono también de Canal Plus y esperar concesiones. Aquella liga la acabó ganando el Valencia, no por designios arbitrales sino por el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz, y muy a pesar del diario AS, que diseñó una cortina de humo con la famosa llave de judo ushiro nage para justificar las dádivas al Madrid.

Quizá Sánchez Arminio pase por alto la declaración de intenciones del presidente del Valencia, al fin y al cabo tampoco fueran demasiado ofensivas. En cambio, Roberto Soldado no dudó en morder en la yugular…”(el árbitro) no se ha atrevido a pitar la mano de Pinto tan pronto”. Suerte que el contexto era un partido de Copa, porque si Soldado suelta que un árbitro no ha pitado una jugada aposta delante de la UEFA, el castigo podría haber sido un puñado de partidos. España es más dócil en asuntos arbitrales: la rajada del delantero podría ser examinada por el propio Sánchez Arminio para que éste sugiriese al Comité de Competición una multa con dinero. Sin embargo, los antecedentes indican que Competición archivaría el caso y punto final. Es obvio que todos los clubes pían; si Guardiola utiliza una rueda de prensa para explicar que su equipo saldría perdiendo si hablase de los árbitros, ya está hablando de ellos, aunque sea para amortiguar las declaraciones de Rosell. El Madrid tiene una ventaja: el cañón Bertha de Mourinho. Florentino ha encontrado en su entrenador el altavoz perfecto para atizar a los árbitros…lógico que el portugués se queje de estar sólo ante el peligro. Que se lo digan a Valdano.

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