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“El Sadar es una batalla para valientes”

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La Liga 91/92 encontró un desenlace muy diferente al que todo el fútbol español había augurado meses antes. El Madrid fue desperdiciando puntos durante la segunda vuelta, quedaban tres jornadas y el líder ya olía la presencia del Barça en su cogote con una exigua ventaja de dos puntos. Y eso que Juanjo Maqueda había salvado el derbi madrileño en la jornada anterior merced a un gol de rebote in extremis. Durante la semana, Leo Beenhakker, entonces técnico merengue, insistió que la visita a El Sadar era la llave que casi garantizaba el título. El partido se intuía complicado no sólo porque Pamplona fuera considerado territorio hostil ni por la provocadora presencia de Buyo, quien un año antes había recibido un petardazo que le tumbó en el césped; el 0-4 de la liga anterior en el Bernabeu todavía escocía y, por eso, el vestuario blanco había hecho piña aquella semana con una comida de hermanamiento. El Barcelona había cogido velocidad de crucero y jugaba en Zorilla, partido que el Madrid daba por hecho la goleada culé, tal como así fue…¡0-6!. Pero al perseguidor le tocaba turno de domingo, el Madrid era quien abría fuego el sábado.

Como era de esperar, el ambiente para el Madrid fue insoportable: botellas de plástico, bolas de papel, banderines incluso un taper con garbanzos…cualquier artimaña valía para amedrentar al líder. El Osasuna planteó un juego romo, atropellado y fiado al balón parado. Y aunque el fútbol de los rojillos era el previsto por Beenhakker, el Madrid se amilanó, quién sabe si por el empuje de la grada o porque verdaderamente se le habían esfumado las ideas. Buyo tuvo que sostener al equipo con varios intervenciones prodigiosas hasta que Larrainzar puso patas arriba el estadio en la segunda parte. Ni siquiera el gol espabiló a un equipo que deambulaba por el campo como si los insultos de la afición le hubieran acobardado. Quedaban cinco minutos y la sensación era que el Madrid tiraba a la basura ocho meses de una competición que había liderado desde el principio. El Sadar celebraba la victoria y algo más: su talento para achantar a todo un Real Madrid. Sin embargo, cuando los blancos sólo pensaban en enfilar el vestuario, coger un avión y olvidarse de Pamplona, el rumano Gica Hagi se sacó un disparo diabólico de treinta metros que el meta Roberto no supo blocar para regocijo de un Butragueño, quien volvió a sacar su instinto de buitre. El ‘7’ fue el único que interpretó la cagada de Roberto y aprovechó el rebote para igualar aquel suplicio: el botín no era del todo malo, pero dado que el Barça no iba a dejarse ningún punto, el Madrid debía ganar al Valencia en el Bernabeu y al Tenerife de Valdano que se desvivía por la permanencia.

El propio Butragueño había comentado tras la derrota de Oviedo, dos semanas antes de El Sadar, que estaban haciendo ‘demasiado el tonto’. El ‘buitre’ también habló en Pamplona, aunque sólo para decir que el campo del Osasuna era una “batalla para valientes”, y ellos “no lo habían sido del todo” (23/05/92). El plan de Beenhakker salió mal porque el técnico holandés había marcado en rojo esa visita: si ganaban allí, cualquier adversidad se quedaría diminuta en comparación a El Sadar. Veinte años después, el poso ‘bélico’ todavía pervive…el Madrid se vuelve a jugar una Liga.

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Una respuesta a ““El Sadar es una batalla para valientes””

  1. Quim dice:

    El Madrid salió más que vivo del Reyno: goleada e inyección importante de moral para afrontar la recta final de la liga. Difícilmente se les escapa el título esta temporada. Dudo que pierda puntos de aquí al final por mucho que tenga que visitar el Camp Nou. Veo más factible que el Barça se deje algún punto que no el Madrid.

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