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Van Gaal sí se quejó del césped

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“¿Cómo quieren que juguemos bien en este césped?”, preguntó con indignación Van Gaal en su primera prueba de fuego con el Barcelona. Los azulgranas visitaron Riga para finiquitar la previa de Champions 97-98, pero el Skonto, que se había llevado del Camp Nou una sorprendente derrota por 3-2, ‘cuidó’ el terreno de juego para que Guardiola, Figo y compañía pasaran las de caín. Y así fue. Los futbolistas del Barça se quedaron boquiabiertos durante el rato previo en el que comprobaron el césped; no entendían la pasividad de la UEFA por no haber decidido un cambio de estadio, más cuando a este organismo no se le escapa ni un solo detalle que afecte a su competición fetiche. Sin embargo, aquel partido se jugó y el Barcelona lejos de ganar con brillantez (0-1), apenas pudo trenzar jugadas de dos pases, como sí sucedió en el gol del brasileño Anderson a pase de Figo. El Barça se había clasificado para el sorteo de grupos, pero el cabreo de Van Gaal fue demasiado contundente: “Así es imposible jugar a algo. Por eso, hemos ganado y a olvidar este caos”, refiriéndose al campo de minas que había sembrado el campeón letón.

Ni siquiera la estrella Rivaldo, fichado días antes previo pago al Deportivo de 4.000 millones de pesetas, habría maquillado la fea actuación del Barcelona. No obstante, viendo el transcurso de la temporada, un césped corto y bien regado tampoco habría mejorado la propuesta futbolística de Van Gaal…¡y eso que aquella temporada logró el doblete Liga-Copa! El patatal de Riga no fue la única vez que la prensa vio cómo a Van Gaal se le hinchaba la vena: la derrota del Barça en Oviedo durante aquella liga propició otra rajada del técnico holandés. “Aparte de la actuación horrible del árbitro (Pérez Burrull), el Oviedo no puede tener un campo así en Primera División”. Las quejas de Van Gaal fueron consecuencia de la trampa que había perpetrado el entrenador oviedista Óscar Tabárez, quien durante los días previos mandó a los jardineros dejar crecer el césped y regarlo una sola vez por la mañana el día del partido. La artimaña le salió bien al Oviedo y a Van Gaal se le escapó en la zona mixta del Tartiere un ‘se van a enterar cuando vengan al Camp Nou’.

Esta noche no crecerán amapolas en el Ciudad de Valencia, pero tampoco habrá una alfombra como la de los Oscar del Kodak Theatre. A falta de munición, los rivales del Barça usan su astucia para ‘darle mil patadas’ al balón. Sin embargo, Guardiola ha sido prudente en este tema porque sabe que la pillería también tiene gracia en el fútbol. Pasó en San Siro y al Milan le salió bien la jugada (0-0); en La Romareda el pésimo estado del campo embolicó el juego del Barça durante un buen rato y quién sabe si el Villamarín y Vallecas (las salidas que le queda) también serán cómplices de la causa ‘antiBarça’.  La diferencia es clara: Guardiola no critica tal causa porque las quejas arbitrales veladas ( y no tan encubiertas) han sido demasiado alargadas, mientras que a Van Gaal le importó un comino quejarse del césped, pues las críticas a su fútbol eran imparables.

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