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¡Leche, Falcao, avellanas y azúcar!

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Quizás siga siendo ese equipo simpático que nunca deja de ser un desastre; quizás los rescoldos del llamado ‘gilifato’ todavía prevalezcan en un club de decisiones incomprensibles y quizás el sentimiento popular por esos colores tienda a un martirio permanente. Pero el fútbol necesita al Atlético de Madrid, el amigo tontorrón que la pifia en casi todo y acaba redimiéndose con un gesto inolvidable. De la mano de Gil Marín (sí, de la familia Gil) y Cerezo, Quique Sánchez Flores les devolvió la gloria en 2010 con un doblete tan inimaginable que hasta él mismo aventuró cuarenta años para repetir una hazaña de tan calibre antes de terminar en el imponente mausoleo de entrenadores rojiblancos. Y para más inri, el cabreo de la afición desde que empezó esta temporada alcanzó proporciones bíblicas a en verano, cuando Kun Agüero y Forlán entendieron que el Atleti se les quedaba pequeño para su caché. El grado de crispación alcanzó su cota máxima con la eliminación de Copa ante el Albacete y el posterior despido de Goyo Manzano; el clamor contra la directiva desembocó en un “iros ya” y parecía que sólo un milagro divino podía resolver otro año tortuoso…hasta que llegó el ‘Cholo’.

El cometido de Simeone no fue, desde luego, ganar títulos. Bastante mérito tenía dejar en Europa a un vestuario descompuesto y sin hoja de ruta, aunque fuese la Europa League. El propio Gil Marín es consciente que esta competición es algo así como la ‘GP2 del fútbol’ (copyright del experto en motor Carlos Miquel) y sus beneficios nunca satisfarán los ingresos que debe manejar el Atlético. No obstante, una de dos: o el club se acostumbra a la clase turista sin importarle ser el trampolín de grandes estrellas como Kun o Falcao, o se hace una catarsis de arriba abajo y apuesta sin titubeos por un proyecto deportivo que tenga pinta de Champions. Y por supuesto que el del ‘Cholo’ lo merece para la próxima temporada. De momento, ha ofrecido como señal el título de Bucarest y la sensación de que, con Falcao y el brasileño Diego, el Atleti tiene cabida en el torneo de los mayores.

Anoche el equipo demostró que las finales se le dan bien. Pero para jugarlas hay que contar con cracks como el colombiano, quien de la noche a la mañana se ha metido en el Ibex de los mejores futbolistas. Ni finta como Messi ni encañona como Cristiano Ronaldo, pero le llega el talento para inventarse goles como el primero: determinación con un regate inesperado y disparo colocado. Perfecto. Recuerda a grandes rematadores como Hugo Sánchez o Zamorano, sólo que además de rapiñar cualquier balón que merodea el área, también sabe montarse la jugada por sí mismo. El inconveniente para el Atlético es el de siempre: el primer golazo de Falcao evidenció que si el equipo no logra puesto Champions el próximo domingo, el público no podrá seguir cantando ‘Leche, Falcao, avellanas y azúcar’; Gil Marín no dudó en reconocerlo después de la victoria. Detrás de Falcao aparece un puñado de ayudantes a los que el tiempo les da la razón: Adrián llegó como una promesa incalculable y todavía no conocemos sus límites; de Arda Turan se decía que era bastante bueno y, lejos de quedar encerrado en el cajón de pufos, se ha reivindicado como un tío que sabe jugar al fútbol, y Diego vino con ínfulas de estrella caprichosa hasta que Simeone le cogió de la pechera para bajarle del pedestal.

Este ‘Atleti’ del coraje, la garra y los huevos (por qué no confesarlo) es el que ha ganado la Europa League con cabeza. Porque para abatir al inconmensurable Athletic de Bielsa, hacía falta correr como indios y mantener a raya a Fernando Llorente. La lectura era sencilla: si los colchoneros cuidaban la defensa, las posibilidades de domar a los leones eran exponenciales. Así sucedió en todas las líneas del campo y con ese regusto de buen estratega salió a hombros Simeone ante su maestro Bielsa. Ahora llegan días de éxtasis hasta el próximo domingo, cuando el equipo presumiblemente se quede en Europa League otro año más. O sea que al club no le queda otra que convencer a Falcao con su mística, la de ese Atleti que gana títulos sin aportar jugadores a la Roja…la de ese Atleti de mil y una tropelías pero que sigue siendo uno de los mejores reclamos de nuestro fútbol.

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