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Higuaín, siempre en el alambre

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“El Madrid ha fichado a Higuaín por seis temporadas y media. Ha sido una buena venta”. Héctor Grinberg, tesorero de River Plate, no podía creerse todo el revuelo mediático que había montado el ‘Pipa’ cuando marcó dos goles a Boca Juniors en el torneo Apertura de 2006. Su impecable actuación en el clásico argentino llamó la atención de Pedja Mijatovic, entonces director deportivo del Real Madrid,  quien no dudó en rastrillar el mercado sudamericano para apuntalar una plantilla que Fabio Capello intuía poco competitiva. El River, fábrica de promesas con ínfulas de estrellas ‘maradonianas’, convenció al presidente Ramón Calderón de que 13 millones era una cifra asequible para el nuevo Batistuta del fútbol argentino. Ahogado por la urgencia de invertir la inercia triunfante del Barça de Rijkaard, el Madrid se aferró a la necesidad de contratar y no le importó soltar un cheque con tantos ceros; curiosamente, días después pondría veinte millones redondos por otra promesa rimbombante de Argentina, Fernando Gago.

Paradójicamente, a los pocos días de que el Madrid anunciase la contratación de Higuaín, el director deportivo del Celta de Vigo, Félix Carnero, desveló en MARCA que el club vigués también pidió precio por el delantero y River lo tasó en poco más de cinco millones. Quedaba claro que, para los ‘millonarios’, Higuaín sólo era otro episodio más de esa empresa de compraventa de futbolistas en que se había convertido la entidad bonaerense; casos como el del ‘Burrito’ Ortega al Valencia (13 millones), D’Alessandro al Wolfsburgo (12 mill.) o el ‘Muñeco’ Gallardo con el Mónaco (10 mill.) metieron el miedo a la afición madridista. ¿Qué meritos había hecho Higuaín para jugar en el Real Madrid? Incluso, el Madrid había meditado foguear a Higuaín en el Castilla, tal como lo pensó con el brasileño Marcelo, fichado también en aquel mercado invernal de 2006. Pero River vendió con habilidad el cartel de su delantero, pues al parecer el Lyon también había pujado por él.

Su P.V.P fue un lastre demasiado pesado. Higuaín era un chaval de 19 años que debía codearse con una institución como Raúl, y Van Nistelrooy y Cassano, dos delanteros de altísima graduación con diferente mérito que no iban a tolerar impertinencias de alguien salido de la nada. Para más inri, su primer partido le ayudó poco: el ‘Pipa’ debutó en el Bernabeu en enero de 2007 contra el Zaragoza y a pesar de dar la asistencia del 1-0 definitivo, falló varias ocasiones; la grada comenzó a mascullar que había venido un delantero del montón, de esos que necesitaba una docena de ocasiones para clavar una. Tanto fue así que Higuaín tardó más de un mes en estrenarse…fue en el Vicente Calderón y para evitar la derrota del Madrid. Pero, sin duda, el gol que despejó las permanentes sospechas del club, vestuario y afición fue el del 4-3 al Espanyol en una de las remontadas más milagrosas que recuerda el coliseo blanco desde las noches europeas de la ‘Quinta del buitre’. Aquel disparo raso ante Kameni le valió a Higuaín como garantía para no ser cedido la siguiente temporada, en la que Bernd Schuster le usó para segundas partes. Su botín de ocho goles pareció escaso hasta que se sacó un trallazo en el último minuto del Osasuna-Madrid que le dio a su equipo la Liga del 2008. De nuevo, Higuaín había salvado su credibilidad sobre la campana.

Higuaín progresó durante las siguientes temporadas, pero nunca se quitó del todo la etiqueta de ‘casi, pero no’. Cada verano llamaron a su puerta clubes de todos los rincones del continente: en 2008, Milan y Zenit de San Petesburgo (ofertas que Mijatovic rechazó como valedor suyo), y en 2011 Juventus y media Premier League estuvieron atentos a su posible salida. Además, la vuelta de Florentino Pérez le puso en el disparadero porque el presidente quiso deshacerse de todo aquel que olía al desastroso Ramón Calderón. Sin embargo, Higuaín espabiló ante tanta amenaza y calibró mejor su efectividad: con Pellegrini marcó treinta goles y se reivindicó como delantero titular. Pero en el horizonte, apareció un nuevo obstáculo: Karim Benzema, el capricho personal del presidente.

El duelo entre Benzema e Higuaín se intuía fascinante con Mourinho. Ambos debían convencer al entrenador a base de goles y justo cuando el argentino gozaba del favor del jefe, se lesionó a una semana del clásico del Camp Nou. Una desacertada opinión médica le dejó en el dique seco durante varios meses; el jugador no quería operarse de una hernia discal, pero al final no tuvo más remedio. Obviamente, a Mourinho le fastidió el tiempo de demora malgastado y, por fin, la directiva había encontrado la coartada perfecta para venderle una vez se recuperase. Otra vez a sortear obstáculos, como cada año.

Este año ha necesitado la enésima reivindicación ante la mejor versión de Benzema. Y en esa lucha interna, el equipo ha sido el gran beneficiado, con permiso de Cristiano Ronaldo. Además, contribuyó a uno de los goles del alirón en San Mamés y aunque la directiva sigue sin mimar su cuenta corriente, Mourinho lo dejó claro ayer: “Quien quiera a Higuaín, que pague los 150 millones de cláusula”. La contundencia del mensaje debería aliviar a Higuaín, por encima de los viejos cuchicheos de la grada y, sobre todo, de los dólares qataríes del Paris Saint Germain. Quizás el Madrid necesite a su delantero más de lo que éste quiera seguir aportando al club, pero si el ‘Pipa’ quiere dosis de autoestima, que recuerde su frase de presentación el 21 de diciembre de 2006…”no hay club más grande que el Real Madrid. Es genial que me hayan dado la oportunidad”.

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