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¿Un nuevo ‘maracanazo’?

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José Antonio Camacho no tuvo reparos en decir que la selección española tenía “jugadores con más dote” que Brasil en la víspera que ambos países jugaron en clave amistosa en Balaídos en 1999. La nueva España de Camacho necesitaba un sparring de altura para comprobar que los espectáculos versión Circo del Sol ofrecidos ante Austria (9-0), San Marino (0-9) y Chipre (8-0) no habían sido simples pachangas. Vigo llevaba tiempo reclamando un partido de la selección y la Federación decidió agasajarla con el mejor amistoso posible. La canarinha aún estaba tocada por el doloroso bofetón de Zidane en la final del Mundial de Francia, y seguía buscando una identidad de cara a la cita del 2002. Candinho, entonces seleccionador provisional, había traído su mejor artillería salvo a Ronaldo, todavía recuperándose de una lesión de rodilla previa a la que haría estremecer al mundo delante de Fernando Couto en aquel Lazio-Inter.

Pero la osadía de Camacho guardaba cierta lógica: Brasil había vertebrado su columna recurriendo a trotones que lejos de fardar de ‘espaldinhas’ , ‘colas de vaca’ y espuelas, estaban programados para destruir fútbol. Sí, sonaba extraño en internacionales brasileños, pero Emerson, Marcos Assunçao  y el ex madridista Zé Roberto nunca podían aspirar al talento de Guardiola y Juan Carlos Valerón, sobre todo este último, que se marcó un partido imperial en la que sólo era su sexta convocatoria.

Raúl también dejó su impronta en forma de aquella mítica cuchara, pero el balón lamió el poste y salió fuera. El ‘7’ le había ganado la partida a Rivaldo en esos duelos particulares que absurdamente siempre extrapola la prensa para buscar cualquier rivalidad entre Real Madrid y Barcelona.  Es más, cuando a Raúl se le preguntó en zona mixta por las sensaciones de su primer España-Brasil, el deseo era evidente: “este partido me gustaría jugarlo en un Mundial, ahí sí que sería lo máximo”. No opinó lo mismo su compañero en el Madrid, Roberto Carlos, quien se satisfizo con el empate a cero habiendo hecho un solo entrenamiento de equipo. El lateral brasileño estaba acostumbrado a finales de dimensión mundial y un amistoso apenas le habría alterado a no ser que hubiese perdido contra sus colegas de vestuario.

La España de Del Bosque busca una reedición actual en la que los roles han cambiado. Hoy es la selección de moda quien reivindica otro duelo para terminar de creerse su superioridad sideral. Ayer, Xavi Hernández confesó su intención de llegar hasta Brasil 2014 porque allí le pondrían la medalla más gloriosa de todas sus batallas. Y a ‘La Roja’ de los récords le falta ese partido soñado, que de momento es quimérico hasta que la canarinha acabe su renovación absoluta, con Neymar en pleno proceso de meditación para un instante legendario. Brasil siempre ha sido la referencia, incluso, todavía por inercia se dice que si ellos no están al nivel, el fútbol mundial pega un bajonazo. Del Bosque también ha intuido que Brasil le ha brindado la oportunidad perfecta para el reconocimiento eterno, y dará igual que enfrente no haya émulos de Romario, Ronaldo, Rivaldo o Ronaldinho; sesenta años después se sigue hablando del ‘maracanazo’, que también necesita nueva versión.

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