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Doctor House al rescate

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Emilio Butragueño temió la pregunta trampa de Mónica Marchante en el palco del Pizjuán: “¿Problema de actitud? Para nada, el equipo lo ha dado todo”. Minutos después, Mourinho hablaba de ‘cabezas’ y confesaba que habría cambiado a siete jugadores al descanso, no sólo a Di María y Özil. Y cuando un entrenador transmite sus preocupaciones como ‘entrenador’ y dice que su equipo “no está”, entonces la conclusión es que sí es un problema de actitud. Hasta su colega Míchel recibió el reconocimiento del portugués, cabreado y resignado por la falta de agresividad de su equipo; eso es alarmante porque, tal como recordó Mou, el talante fue diferente en la Supercopa. La buena noticia es que el míster ha diagnosticado rápidamente el problema; por ello, la distancia casi sideral con el Barça está allí, al fondo, y todavía no es demasiado peligrosa. Primero, Mou debe tratar el psicoanálisis a esas “cabezas que no están concentradas en el fútbol”; el resto vendrá rodado.

La inercia del Madrid siempre indica que hay diez o quince minutos de asedio constante, cuando no ratos largos. Y cuando juega mal y atolondrado como anoche, todavía es más letal. Por eso, la afición madridista nunca perdió la esperanza de que su gigante anestesiado despertara con un par de chispazos que nunca llegaron, y ese pequeño gran detalle es el primero que Mou tiene que tratar en el diván. El Madrid puede estar fatal, pero nunca perder la garantía de tío peligroso: Sergio Ramos la tuvo delante de sus narices, claro que el recado de Benzema venía en forma de misil tomahawk. ¿Y Cristiano? Pues sigue triste pero valiente. Como Luke Skywalker, él solito quiere devolver el equilibrio a la galaxia y no es suficiente, porque el Madrid vuelve a su versión oscura cuando CR7 desaparece. Máximo riesgo porque todo depende de él.

Pero el psicoanálisis pasa por detectar todos los miedos, y el de las jugadas a balón parado acojona bastante, la verdad. Pepe reconoció que “otra vez” habían encajado gol de estrategia. En este caso, Di María asumió la culpa porque en el momento decisivo dejó suelto a Trochowski. La cagada le acarreó la sustitución al descanso, porque Mourinho no quiso herir susceptibilidades y permitió al argentino vagar por el césped durante toda la primera parte. Y digo vagar porque Di María necesita que alguien le meta los mil voltios necesarios para que su fútbol vuelva a ser útil.

En definitiva, damos las gracias a Mourinho porque todos, prensa y afición, habíamos jugado a ser Doctor House (‘que si el problema era Özil’, ‘que si Khedira no es ni la mitad de top que con Alemania’, ‘ que si Benzema vuelve a ser monsieur empané’…), y sólo el portugués ha confesado cuál es el verdadero mal. Y como el fútbol de los mayores es tan vertiginoso, la primera sesión llega pasado mañana, con la visita de un médico que puede aplicar una dosis letal. El Manchester City ansía este partido como prueba irrefutable de que su inversión faraónica vale para algo. Al Madrid no le queda otra que ganar, pero hacerlo con ganas, como en las míticas noches europeas.

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