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Los pájaros disparan a las escopetas

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“Este tío no engaña a nadie. No debería jugar más al fútbol”. Hristo Stoichkov salió del vestuario en dirección a los periodistas para sacar toda la bilis que había acumulado en el partido. Su cabreo era tan monumental que buscó cualquier micrófono para poner de vuelta y media a Juanma López. Poco le importaba la goleada del Barça en el Vicente Calderón (1-4) en aquella Liga 92-93; la obra maestra del Dream Team, lejos de machacar a un Atlético que daba sus últimos coletazos con Futre y Schuster, se había sometido una lección híbrida de judo, karate y lucha libre, las disciplinas que manejaba López en sus primeros partidos como rojiblanco. Curiosamente, fue Stocihkov quien se fue a la ducha antes de tiempo por reiteradas quejas contra López, mientras que éste no sólo acabó el partido sino que salió limpio de tarjetas. “Todos conocemos a Stoichkov, es un broncas y los árbitros lo saben”, fue la réplica del defensa colchonero, enterado de la rajada del búlgaro.

Durante los días posteriores, hasta Jesús Gil entró de oficio para defender a su jugador. “Lo que diga Stoichkov tiene poca credibilidad, ni mucho menos va a dar lecciones a alguien”. Pero en esa ocasión y a tenor de las múltiples moviolas que descubrieron la versión más mamporrera de un jugador en los últimos años, el delantero azulgrana llevaba razón, aunque su insoportable temperamento invitase, como mínimo, a la sospecha. El maestro Santi Segurola escribió la crónica para El País. recogida en su antología Héroes de nuestro tiempo, y su descripción de Lopez con el cuchillo jamonero es, simplemente, sublime: “En su carrera con la trilladora tiene la complacencia de los árbitros. López cometió siete faltas gravísimas: a la tibia de Beguiristain, brazo al cuello de Stoichkov, patada con repetición a Bakero, codazo a Stoichkov, caza al cuello del búlgaro con codazo al estómago, derrote al peroné de Laudrup y coz incluida al muslo del danés”. Por una vez, y sin que sirviese de precedente, el búlgaro tenía razón y, de ahí, su inusitada amabilidad con la prensa en aquella noche. Obviamente, el fuego cruzado entre ambos dejaba un mentiroso compulsivo. Y esa vez fue López, que tampoco se molestó en disimular su concepción futbolística de pressing catch durante toda la temporada.

El piqué Stoichkov-López recuerda al de Pepe e Iniesta, con la diferencia de que al manchego nunca le ha perdido su vehemencia, como sí al búlgaro. El central portugués reconoce que “las verdades duelen”, claro que son las verdades de su mundillo, es decir, las que acepta Mourinho. Pepe no tiene derecho a pedir la venia para hablar de teatreros porque, siendo uno de los mejores defensas del mundo (el número uno en los cortes de balón), cualquier acercamiento suyo al balón provoca murmullo. Su ‘enajenación mental transitoria’ sobre la espalda de Casquero le ha marcado de por vida; es una de esas jugadas que nunca se olvidan, como la cazada de Míchel Salgado al talón de Juninho. A Iniesta le tenemos por chico modélico, siempre evitando las broncas, aunque con un precedente en el serial de exageraciones: en la Liga 2010-11 forzó la expulsión de Amorebieta en San Mamés tras una dura entrada de éste que tampoco merecía la roja. Aquella ‘interpretacion’ le acarreó demasiadas críticas porque hasta entonces su carácter había sido inmaculado. Fue un error que Iniesta no ha repetido, ni siquiera en la jugada a la que se refiere Pepe.

El Madrid no se ha pronunciado porque apoyar públicamente a su jugador sería ir contra el mundo. Mourinho tampoco le ha llamado al orden, indicio claro de que le considera uno de sus soldados más disciplinados. Y mientras el entrenador tenga a Pepe como ejemplo en el vestuario, éste tiene vía libre para jugar y hablar sin miedo al veto. Además, el episodio con Dani Alves en las semifinales de Champions de hace dos temporadas le dieron mucha credibilidad entre todo el madridismo que pensaba que el barcelonista había fingido descaradamente. Entonces, Mou descargó su ira contra el establishment arbitral de la UEFA, y a Pepe se le tomó como un mártir. Pero el lance del último clásico sólo deja una caída más o menos polémica de Iniesta, como fue la de Özil en área azulgrana minutos antes. Pepe, como Juanma López,  soltó ante la prensa lo primero que se le ocurrió; quizá no intuyó que la opinión pública etiquetaría el incidente como el mejor ejemplo de que los pájaros disparan a las escopetas.

 

 

 

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3 respuestas a “Los pájaros disparan a las escopetas”

  1. Tomas Moro dice:

    Lo mejor de todo no es ya que Pepe sea un jugador violento y agresivo, que dé patadas y que su historial lo conozcamos todos. Eso es harina de otro costal y en este tema no viene demasiado a cuento. Lo que de verdad lo imposibilita para hablar en este tema es que, además de violento y agresivo, es probablemente el jugador más teatrero de la liga española. El que más se tira, el que más finge, y el que más teatro hace. Con Busquets, con Riki, con algún otro, está en el podio de teatreros tramposos sin ninguna duda. Por eso lo de este tío es para mear y no echar gota.

  2. IlNeuroDoktore dice:

    Un placer leerte, como simpre Vanaclocha! Y cuánta razón tienes en este post! Desde el pisotón a Messi, Pepe ha rebajado su “violencia”, pero alguien con un historial así detrás como el que tiene él no debería ir dando lecciones de vida a nadie…

  3. Xavi dice:

    Si esto es “interpretación” y un “error” de Iniesta…

    http://www.youtube.com/watch?v=cOjNG7CATX8&feature=endscreen&NR=1

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