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¿Quién divierte más?

“Podemos y debemos jugar mejor”. Mourinho entiende el malestar del Bernabeu porque no es la primera vez que reconoce el bajonazo futbolístico de su equipo. Si la temporada pasada cada partido era una orgía de goles y jugadas al primer toque estilo Dream Team de Cruyff, en este curso liguero los rivales parecen ser un marrón que apenas motiva al Madrid. En el caso de ayer, la grada agradeció que se presentara un sparring valiente, pero en esta liga, la española, basta que el grande pegue dos guantazos para acabar con cualquier atisbo de incertidumbre. El Zaragoza sirvió como prueba de fogueo para la trascendental visita del Dortmund: los jugadores lo sabían y el público se lo temía, de ahí que el Madrid volviese a mostrar su versión más somnolienta y, por eso, los silbidos de la segunda parte. Y sin que urgiese Xabi Alonso, siempre se nota su ausencia; a pesar de los ímprobos esfuerzos de Essien, el ghanés vale como coche-escoba pero le falta la perspectiva de un centrocampista nato: Alonso es imprescindible porque sólo él sabe otear el fútbol desde su atalaya. En cambio, Modric sí se agradece porque le gusta jugar con el balón, aspecto que hace poco no era primordial en la tácticas de Mourinho.

Por cortesía profesional, Mourinho debería ofrecer a sus seguidores algún argumento con gracia: por ejemplo, Kaká. Con 2-0 y el Zaragoza sorprendentemente volcado al ataque, al brasileño le venía el partido como anillo al dedo. Si su entrenador se ha propuesto recuperarle, ocasiones como la de ayer son las más recomendables para que Kaká intenté recuperar alguna migaja de aquel talento que fascinó a Berlusconi. De momento y sin la continuidad que necesita, su aura galáctica seguirá a años luz de la que creyó Florentino cuando se gastó 65 millones.

El Barcelona de Tito no atisba, ni de coña, esos ‘problemillas’ de entretenimiento que rodean al Madrid. En cuestión de tres meses, los azulgranas han tocado todos los palos: goles sobre la bocina, remontadas imposibles, castigos sin piedad  y victorias al tran tran. Este último género es el que tocó ayer en el Camp Nou y eso que el Celta, como el Zaragoza, se puso gallito con el empate a uno. Parecía, entonces, que el partido emulaba al de Riazor, es decir, que podía acabar como el rosario de la aurora. Pero al líder le basta con pequeñas dosis de fútbol de salón para dejarse de tonterías. Y la mejor noticia de todas es que David Villa ha vuelto a entrar en el baile. La jugada de su gol invita a pensar que ya está en la onda de Iniesta, Xavi y Messi; así que lesión olvidada y a sumar los minutos y goles que exige una temporada larga. También ha pillado el tranquillo Jordi Alba, quien con su fisonomía de galgo ha encajado a la perfección en la idea de Tito. Recuerda a Roberto Carlos en su tendencia a corretear la banda de fondo a fondo; el problema es que a veces no distribuye bien la gasolina y sucede que la defensa se queda desnuda, como en el gol del Celta.

¿Y el Atleti? Pues hincó la rodilla en la fecha más señalada, la del primer aspirante a algo. Mestalla debía ser el partido bisagra para que los rojiblancos declararan oficialmente su candidatura al título, pero falló por falta de oficio. Y el próximo panorama pinta aterrador: con Barça y Madrid en el horizonte. El Valencia consiguió enjaular a Falcao, en parte porque su socio Arda no estuvo inspirado. Y aunque el botín conseguido por Simeone ha sido demasiado abundante, hay que ser quisquilloso con sus chicos porque el fútbol, la gente, espera que el Atleti incordie a los dos grandes hasta el final de Liga.

 

 

 

 

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