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Intensidad, Mou, intensidad

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A Radek Stepanek le han llegado tarde los reconocimientos. Su descomunal sacrificio en la Copa Davis con casi 34 años no sólo inspirará a las próximas generaciones tenísticas checas,  sino que también será incluido como una nueva técnica de superación en psicología deportiva. Al menos, así lo dedujo Mourinho cuando le achacaron en rueda de prensa un presunto bajonazo físico de sus jugadores tras haberse desfondado el pasado miércoles contra el City. Precisamente, lejos del gol legal de Benzema y la mano clarísima de Nosa, al Madrid hay que acusarle de falta de intensidad, el argumento capital con el que ha vivido el Madrid desde la llegada de su entrenador. Comenzó ‘bien’, aunque Mourinho creyese que es un halago “demasiado simpático”, y quizá por la tenacidad del Betis se fue diluyendo hasta esperar el chispazo definitivo que matase el partido. Y la mala noticia para este equipo al borde del apocalipsis en Liga es que cada jornada se la debe tomar muy en serio si es que aún pretende alcanzar al cohete sputnik de Tito Vilanova.

Pero para lograr semejante gesta, que sin duda sería más recordada que la de Stepanek, el Madrid tiene que hacerse una catarsis definitiva para buscar las causas del pobre rendimiento a domicilio durante este campeonato. Por el momento, acumula una derrota más que en toda la pasada Liga de los récords, pero el cambio táctico de anoche evidencia que Mourinho ya no está tan convencido de acorazar a Xabi Alonso con un guardaespaldas de hierro. Y eso que Khedira atacó más veces el área del Betis que Cristiano Ronaldo, pero, a tenor de lo visto en Manchester, el nuevo cometido del trotón alemán se asemeja mucho al que tiene en la Mannschaft, con internadas permanentes desde la segunda línea. Por eso, resulta curioso que Khedira fuese sustituido al descanso, porque el Madrid mejoró en la segunda parte por actitud y no por las sustituciones: Kaká sigue jugando en el limbo y Modric todavía tiene la excusa de la adaptación, aunque le queda poco crédito.

Y hablando de créditos, Mourinho advirtió a Özil por segunda vez: le cambió al descanso en el Pizjuán por un abúlico primer tiempo, y anoche volvió a darle la patada en el intermedio. Ya son varios capones los que se ha llevado el mediapunta alemán, a quien ni su inmenso talento le va a salvar si no espabila y se marca un buen puñado de partidos. Porque, precisamente, su entrenador se está hartando de que Özil desconecte de sus compañeros por arte de magia. El problema es que si Modric no garantiza nada mejor que su competidor, Mou tiene que resignarse a poner al titular. Tampoco debe estar muy satisfecho con Di María, el año pasado imparable y éste apático en la banda derecha; si para el portugués la intensidad es el leit motiv para figurar en sus onces, Di María ha perdido ese alto voltaje que ponía en jaque a las defensas.

Hasta que el Madrid no se encuentre a sí mismo, no parece que nadie en el club secunde las quejas de Mourinho. La excusa del calendario está demasiado oxidada, más cuando el Málaga se exprimió en San Petesburgo el pasado miércoles y ayer, un rato antes que el Madrid, también se dejó la vida contra el Valencia. Y con los árbitros no están teniendo suerte esta temporada, pero la temporada pasada en el Villamarín el atraco arbitral fue a la inversa y no hubo represalias. Esta semana Fernando Hierro y Beckham han saltado a la palestra porque el club busca un embajador y Mourinho un muñeco de pim, pam, pum que amortigüe los ataques de la opinión pública. Anoche, volvió a reclamar ese cargo, porque piensa que el Madrid debe vivir en la comodidad de ciertas bulas institucionales (calendarios y arbitrajes). Sin embargo, Mou seguirá siendo “el malo de la película” hasta que llegue el día en el que se le ocurra la autocrítica: jugadores, directivos madridistas, calendario y árbitros…nunca involucra su ‘yo’ en situaciones críticas. Quizá entonces, le den una placa.

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Una respuesta a “Intensidad, Mou, intensidad”

  1. kopese dice:

    Del penalti a Ruben Castro parece ser que se han olvidado en Madrid…

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