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Una misión mesiánica

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La cervecería más grande de Europa, la Hofbräuhaus de Munich, no tardará en acicalarse para recibir al que será su huésped más ilustre en la próxima Oktoberfest. En la pasada fiesta de la cerveza, que se celebra en septiembre aunque se llame así, al neófito Javi Martínez tan sólo se le ocurrió chapurrear ich bin schön (estoy guapo) cuando las cámaras le inmortalizaron vestido con el típico traje bávaro. ¿Se atreverá a ponerse el próximo entrenador del Bayern camisa a cuadros rojos y blancos, pantalones cortos de cuero y medias de lana hasta las rodillas? Desde luego, a Guardiola le han sugestionado bien para que se haya decidido por la plácida vida alemana. Seguramente, su amigo íntimo Raúl le haya contado las comodidades cotidianas para los extranjeros adinerados que residen en Alemania. El ex madridista y su familia quedaron prendados de Düsseldorf, donde vivían en un chalet pegado al río Rin, y no es de extrañar que Guardiola, quien también es de costumbres tranquilas, se adapte rápido a Baviera. Quizá le cueste el contraste entre el ritmo vertiginoso de Manhattan y la calma chicha del sur de Munich. Pero si el ex técnico azulgrana ha elegido la Bundesliga por delante del puñado de ofertas que ha escuchado desde Nueva York, significa que la decisión está más que meditada; no en vano, se trata de un futuro a largo plazo.

La directiva del Bayern, encabezada por el presidente Uli Hoeness y su mano derecha, Karl-Heinz Rummenigge, tenían clara la única condición del contrato: nada de firmar año a año, tal como transigieron Laporta y Sandro Rosell. Para eso, se habrían quedado con el viejo pero fiable Heynckes, a quien, precisamente, la directiva había ofrecido la renovación. El actual entrenador les había comunicado que todavía era pronto para el papeleo: la Bundesliga encara su segunda vuelta después del parón invernal y todavía queda un mes para que la Champions abra fuego en sus octavos de final. Heynckes tiene claro que el Bayern será el último equipo de su carrera a sus 67 años y sólo haría una excepción si se trata de la selección alemana, pero la federación tiene el compromiso de Joachim Löw hasta el Mundial de Brasil. O sea que el club germano ha resuelto el “grave problema” que acuciaba sus planes, como reconoció anoche en la COPE el legendario Paul Breitner, ahora director de relaciones institucionales del Bayern.

Guardiola tendrá tres años para presentar su obra, es el margen prudente que le dan los mandamases del club con la aquiescencia del tótem y actual presidente de honor, Franz Beckenbauer. En marzo de 2007, meses antes de coger las riendas del filial del Barcelona, Pep publicó una artículo en El País a propósito de la eliminatoria de Champions que el Barça iba a jugar contra el Liverpool; el texto era una oda a la esencia del club, el estilo que debía distinguirle del resto de equipos. “Mañana el Barça perderá. O pasado. A todos nos pasa. Pero nadie puede discutir que hace ya mucho tiempo que el Barça es un equipo reconocible. Único”. Queda clara cuál es la aspiración deportiva del Bayern con Guardiola al frente: puede que moldear un émulo de su Barça sea un propósito quimérico porque, simplemente, en Munich no juegan Iniestas y Messis, claro que ni allí ni en ningún lado. Pero la carta continúa: “En Barcelona se entiende que se puede ganar de mil maneras. Todas válidas. Todas sirven. Faltaría más. Pero en Barcelona también se entiende que jamás se puede ganar de una forma que no se sienta. Que no la sientan los jefes, los técnicos, sus jugadores, los amigos de la prensa y la gente que va cada semana a verlos”. La imagen pública del Bayern es la de equipo que saca el rodillo en su rancho alemán y que a veces se cuela entre los favoritos para levantar la Champions (Drogba se lo privó por dos minutos en la última final), pero si bien el Barça contemporáneo o el United de Ferguson tienen su estigma, al Bayern le sucede como al Real Madrid: tiene que elegir un estilo y defenderlo a muerte. De lo contrario, los alemanes no habrían optado por Guardiola ni éste se habría decantado por ellos.

Instantes después de que el Bayern anunciara el fichaje, una interpretación simplona corrió como la pólvora. Salvador Sostres lo llamó La Cobardía en su columna de El Mundo. Habla del conformismo de Guardiola por haberse dejado seducir por una liga menor. Sostres no se ha parado a pensar qué campeonato es más fácil de ganar: si la Bundesliga o la Liga. Le habría bastado con echar un vistazo a las rotundas estadísticas: en los últimos seis años, Borussia Dortmund por dos veces, Stuttgart y Wolfsburgo han conquistado el torneo; en España, la era Guardiola sólo fue sacudida por el Madrid de la temporada pasada. Es decir, que los paseos militares del Barça han sido más descarados que los del Bayern. La exigencia para su próximo entrenador no se limita a arramblar con más títulos nacionales, eso lo puede hacer el propio Heynckes, ni siquiera a conquistar Champions (Otmar Hitzfeld ganó una y perdió otra contra el United en un abrir y cerrar de ojos). No, el Bayern se ha modernizado y con él la Bundesliga, que poco a poco se está convirtiendo en una liga modélica en todos los sentidos: el del buen fútbol y la mercadotecnia. Guardiola viene a implantar un modelo que aplauda el público y, sobre todo, identifique consigo mismo. Se acabaron los tópicos de ese fútbol alemán intenso pero más simple que un cubo. Al Bayern le apetece ganar y gustarse.

Pep sólo tendrá que preocuparse por crear una marca propia con sus futbolistas, el dinero está más que garantizado. Los grandes patrocinadores Audi, Adidas, Telekom, Coca Cola y la aerolínea Lufthansa, por enumerar los más destacados, le han dado al Bayern una solvencia económica inigualable en el mundo. En junio de 2012 obtuvo casi cuatrocientos millones de ingresos, récord absoluto en su historia, y su prudencia en el gasto, típica de los alemanes, le confieren una balanza de pago envidiable. Respecto al patrimonio, el Allianz Arena es una joya arquitectónica en la que Guardiola se sentirá tan a gusto como en el Camp Nou, y la ciudad deportiva de Säbener, al sur de Munich, ha sido concebida como un centro de alto rendimiento donde podrá entrenar y convivir con su vestuario las siete u ocho horas laborables que acostumbran a trabajar los clubes alemanes, al estilo de los ingleses. Beckenbauer sólo espera que al término de la temporada 2015-16 Guardiola matice las primeras declaraciones que hizo Javi Martínez el pasado septiembre: “Estoy casi como en casa porque la gente es muy amable”. Las mismas pero sin el casi.

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2 respuestas a “Una misión mesiánica”

  1. pronosticos deportivos dice:

    Guardiola nos ha dejado a todos con las ganas de ver lo buen entrenador que es en una plantilla sin el nivel del barsa… se ha ido a la plantilla más prometedora de toda Europa. Asi entreno yo también…

  2. pronosticos baloncesto dice:

    La verdad es que no veo yo a Guardiola disfrazado así jaja, ha cogido uno de los equipos más parecidos al Barça en cuanto a juego de futbol y seguro que intenta llevarse algun jugador de Can Barça, no hablo de los Messis o Iniestas pero si quizas un Tello o jugadores parecidas

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