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La verdad incómoda

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“Nunca entraré en un medio de comunicación. Tengo que llevarme bien con todos y, por tanto, no podría entrar en ninguno en concreto”. Pocas veces Florentino Pérez ha desvelado públicamente su postura salomónica con la prensa. Esta declaración sirvió para aclarar su presunta irrupción en el accionariado de Antena 3 en el año 2002, durante su primer mandato en el Madrid. Porque al presidente le gusta mirar desde su atalaya la catarata de chismorreos que devora la actualidad merengue un día sí y otro también, sin mostrar afinidad descarada por nadie; no en vano, desde hace años no concede entrevistas a medios deportivos, tan sólo el papel salmón tiene cierta cancha pero, evidentemente, para asuntos de ACS. Florentino se ciñe al papel de presidente de multinacional: sólo habla en actos institucionales y apenas esboza discursos extraordinarios lejos de la “universalidad y los valores eternos que inspira el Real Madrid”, como suele repetir. Como ejecutivo modélico que es, sabe cuándo y cómo colocar mensajes interesados; para cuestiones cotidianas y esporádicas, antes esgrimía aquel aliviante pregunten a Jorge Valdano. En estos tiempos, son Pardeza y Butragueño quienes intercambian el micrófono inquisitorio de Mónica Marchante.  

Pero el presidente ha roto su protocolo aristotélico: ha olvidado el punto medio que da la virtud y se ha inclinado por el extremo del exceso. Desmintiendo la portada del MARCA ha creado un cisma sin precedentes entre prensa y aficionados. Para comprobarlo, no había más que leer twitter, el nuevo barómetro social de los periodistas. Los comentarios sobre Florentino delatan que el madridismo le va a abrazar todavía más y que, en momentos de resurrección, los aficionados no toleran ningún ente perturbador. Al menos, a Manuel Pellegrini le habrá quedado claro cristalino que no había nacido para entrenar al Real Madrid: su ex presidente nunca compareció en público para amortiguar la campaña de acoso y derribo que emprendió el entonces director de MARCA, Eduardo Inda. Precisamente, con Pellegrini despedido, el máximo mandatario fichó al ganador nato de Mourinho, creyendo que los títulos potenciales eclipsarían la devastadora imagen pública del portugués. Al final, todo lo contrario: Mourinho lleva días sin hablar pero él es el origen de la volcánica portada de MARCA. Por fin, se han visto colmados sus deseos: Florentino le ha demostrado con creces el apoyo que nunca sintió con Valdano o Zidane.

Los autores de la noticia de MARCA, Carlos Carpio y Miguel Serrano, defienden que la credibilidad del bombazo la sostienen tres fuentes diferentes. Si en la comida hubo cuatro comensales (presidente, José Ángle Sánchez y los capitanes Casillas y Ramos), como afirma el presidente, entonces los creyentes de la causa marquista (copyright por Inda) deducirán que aquella reunión fue un conciliábulo de filtradores; en contra, los devotos de Florentino están demasiado rebrincados con otro misil tomahawk de la opinión pública ahora que las victorias casi habían devuelto una paz artificial. Pero MARCA no miente: el vestuario no aguanta a Mourinho y su continuidad sorprendería más que si Messi protagonizase un nuevo caso Figo, o sea, imposible. Y Florentino lo sabe todo, pero no puede quedarse de brazos cruzados si el periódico más leído de España sugiere que el Madrid sigue en pie de guerra consigo mismo.    

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