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Bad Boys

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Bastó un puñado de minutos en el Vicente Calderón para que el fútbol español evocase la figura del jugador sucio y liante. Quién no recordó por unos instantes la versión diabólica de Stoichkov, los comportamientos de Doctor Jekyll y el señor Hyde de Juanma López o esos codazos sibilinos (y no tanto) con los que Hierro anestesiaba a los delanteros. Sí, Diego Costa está desatado porque así lo quiere su entrenador y, ¡qué carajo!, recordó al público que el fútbol sigue siendo poliédrico: del Circo del Sol del Barça a las últimas victorias colchoneras con pico y pala…cualquier opción vale tres puntos. Simeone reclamó al ariete para su equipo después de su provechosa cesión al Rayo y a sabiendas de que podía suplir a Falcao de esa manera tan peculiar. Diego Costa encabrona a todos, menos a su vestuario, y sobre todo da puntos decisivos. Al ‘Cholo’ le pirran los delanteros machacones que se pelean con las zagas rivales hasta el límite, aunque a veces no exista línea roja. Las tánganas del Atlético-Betis se intuían desde el partido copero en el que el propio Costa le espetó a Amaya “gracias por el regalo”, en alusión a la pifia del defensa verdiblanco en el Villamarín.

Quizá Diego Costa no tuvo en cuenta las tropecientas cámaras que Canal Plus coloca en sus partidos para cubrir en primer plano el césped palmo a palmo. Sin embargo, lo vio claro: faltaba sacar la ‘cortacésped’ (en este caso, se la llevó Rubén Pérez) para agitar la concentración del Betis. Propósito logrado. Hace meses el Bernabeu fue testigo de las marrullerías del brasileño: lejos de achantarse, Costa se encaró con Pepe y Sergio Ramos, tíos de su talla que tampoco se amilanan. Al primero le insultó y al sevillano le intentó morder. Pero el ‘Cholo’ le defendió a capa y espada ante la prensa; no en vano, su misión no sólo consistía en intentar marcar: desesperar al contrario también es un arma bastante letal que bien conoce ese corajudo futbolista que se apellidaba Simeone. Un abogado del diablo argumentaría que Amaya tiene menos perdón que Costa por pardillo (los salivazos intencionados se pagan caro); pero ignorando la teoría de que el rojiblanco debió irse a la calle y en la práctica no se fue, Amaya estuvo a punto de cabrear del todo al genuino bad boy de la Liga. Entonces, se podría haber desatado la tercera guerra mundial. 

Pero al menos Diego Costa no tiene el dudoso honor de ser el más sucio. Sus episodios macarras se cuentan en varios partidos; hubo otro atlético que resumió todas las canalladas en un solo rato. Juanma López, antes de su conversión futbolística, detalló en un Atlético-Barça del 92 el menú del buen defensa. El maestro Santi Segurola escribió la crónica de ese partido para El País y su descripción de Lopez haciendo alarde de la habilidad con el cuchillo jamonero es, simplemente, sublime: “En su carrera con la trilladora tiene la complacencia de los árbitros. López cometió siete faltas gravísimas: a la tibia de Beguiristain, brazo al cuello de Stoichkov, patada con repetición a Bakero, codazo a Stoichkov, caza al cuello del búlgaro con codazo al estómago, derrote al peroné de Laudrup y coz incluida al muslo del danés”. Los puristas dirán que el fútbol de entonces era más verdadero, más de lucha y brega. Vamos, no apto para nenazas. No obstante y, a pesar de que los futbolistas de hoy sean más melindrosos, Diego Costa ha sobrepasado la raya. 

 

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Una respuesta a “Bad Boys”

  1. Juan dice:

    Se te ha olvidado el peor de todos: Pepe.

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