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El encargo del presidente

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“Mourinho vino al Madrid para cargarse al Barça”. Fue la reflexión de un directivo del Madrid presente en la sala de prensa del Bernabeu en el momento que Jorge Valdano anunció al portugués como nuevo entrenador blanco. Casi cuatro años después, la misión está cumplida a medias: le ha tomado la medida al mejor Barça de todos los tiempos, pero la urgencia de una Champions todavía prevalece. En el club saben que no habrá valido de nada el agigantamiento merengue del pasado martes si en el botín no está la ‘orejuda’; y aunque el Milan le dé la patada al Barça en Champions, el Madrid tiene una obligación (este año es un deber) y no es, precisamente, la Copa del Rey. Sin embargo y a falta del juicio del Milan, los merengues han desnudado las carencias de su enemigo: en Can Barça se demanda nuevo portero, un central en condiciones y un delantero centro. Los tres pedidos a expensas (o no) del debate de la continuidad de Tito Vilanova.

La “pena”, como dice el directivo blanco, es que esta plantilla no haya ganado hasta nueve partidos de Liga. Sí, las luchas intestinas que ha planteado Mourinho en el vestuario han ido desgastando y despistando a un equipo que veía en la clasificación cómo el eterno rival nunca fallaba: primero fueron los capones a Özil para que espabilar, después la defensa a ultranza de Sergio Ramos con el alemán; en navidades, la suplencia de Casillas y, entre medias, el mosqueo de Mou con Pepe por no haberse operado antes de acabar el 2012.

Pero desde hace meses y haciendo caso a la sugerencia de Florentino Pérez, el entrenador ha desaparecido de la escena pública para no inflamar el ya de por sí ambiente volátil. Los futbolistas han comprendido que su preocupación sólo debía estar en el césped, lejos del mundanal ruido que arma la opinión pública, y ahí no han fallado: en el Bernabeu contra el United merecieron mejor resultado, mientras que jugar en el Camp Nou sin los prejuicios de la grada les permitió bordar una táctica simplemente perfecta. Por circunstancias imprevistas (en el fútbol suele suceder así) el Madrid y el mundo descubrieron a Varane; pero no Mourinho, quien hace tiempo adelantó que el club tendría central para rato. Es novato, sí, y aún está en periodo de formación, pero la eliminatoria copera, en vez de convertirse en un marrón, le ha catapultado a una fama un tanto envenenada, porque ya se han publicado reportajes comparándole con Fernando Hierro y, tal como dijo Manolo Sanchís, experto en la materia, “Hierro ha sido dios en el Madrid” y la comparación suena demasiado odiosa…para Varane, claro.

El Bernabeu siempre ha apreciado el amor propio por delante de cualquier otra virtud. Así se cimentaron las remontadas históricas de los ochenta y las inspiraciones pasajeras que le valieron al Madrid de Capello o Schuster voltear partidos imposibles en un puñado de minutos. Este equipo, el de las últimas semanas, ha entendido que había que echarle huevos, como le flipa a la grada, porque es el Madrid, ni más ni menos. Y con la lesión de Casillas, ha surgido un líder no por carisma sino porque es el mejor del vestuario a años luz del resto. Cristiano por fin ha entendido el encargo que le hizo su presidente hace tres años durante aquella presentación planetaria, aunque para esa misión Kaká también debía arrimar el hombro. Pero eso es otra historia. El Madrid se ha plantado ante los retos de Copa y Champions con el riesgo de un funambulista del Circo del Sol: si Cristiano se caía, el equipo entero se despedazaba. Por suerte para el madridismo, CR7 hizo trizas al Barça para regocijo de Florentino y, sobre todo, a Messi para su propia estima. Quizá eso sea lo que más le importe al portugués, pero al Madrid le ha venido de maravilla.

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