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El equipo, siempre el equipo

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“La mentalidad de los catalanes es devorar lo que estaba antes”. Fue la coartada que utilizó Johan Cruyff en El Partido de las 12 de COPE para explicar su negativa a un hipotético regreso. Su personaje futbolístico apenas tiene parangón en el mundo: dejó el banquillo azulgrana en 1996 pero sigue siendo el tótem del barcelonismo, un gurú sin relevo que el soci anhela en momentos tempestuosos. Consejero presidencial de Joan Laporta, ha vuelto a dejar claro cristalino que Rosell y sus yuppies no cuajan en sus ideas…ninguno ha sido futbolista y en la recámara Cruyff, amante del método, sólo otea uno: el Bayern de Munich. Dos décadas después de que su Dream Team se reivindicará como equipo inmortal, el respeto reverencial a la hazaña de Wembley no le permite compararlo con el prodigio engendrado por Guardiola; ni siquiera se deja viciar por el efecto ‘mamatorio’ que propicia Messi: “En este momento tiene mucha calidad, pero no se puede desprestigiar a Pelé, Di Stefano…”. No citó a Maradona pero conviene con él que Messi será juzgado con más perspectivas, con la última edición de sus antologías.

Pero su reflexión inicial no es un pensamiento generalizado. Habla del Barça desde una distancia sideral, la que él ha interpuesto contra la actual directiva. Quién sabe si ésa es la mentalidad de los catalanes, el hecho incuestionable es que el club no ha traicionado el principio que Cruyff importó a finales de los ochenta, patentado por Rinus Michels: el concepto de equipo. Es en este punto donde el holandés se siente a gusto diseccionándolo con periodistas o con aficionados: el Barça ha creado un único estilo con diferentes peones, y no se trata del misticismo histórico del 4-3-3, no, “tener el balón más tiempo y tenerlo lejos de la portería. Así es como puedes jugar como te gusta”, ésa es la gracia de la doctrina cruyffista. Y nunca se consigue cuando los egos de los futbolistas imperan sobre el grupo, al revés, lo destrozan. Cruyff entendió que su Barça ahíto de títulos y palmaditas por la espalda necesitaba nuevas motivaciones: el bofetón del Milan en la final de Atenas fue el resorte definitivo. ¿Por qué? Aparte de la trampa táctica de Fabio Capello, Cruyff tuvo que ignorar a ratos su magisterio socrático para convertirse en gestor de los malditos egos: de este modo, llegó un momento que se hartó de Laudrup, después Romario, Stoichkov, etc. Reseteó el equipo con talentos de La Masía pero no todos los relevos salen bien. Es ley de fútbol.

Hablando de egos, y en medio de la burbuja que la prensa está hinchando alrededor de Neymar, Cruyff saca una aguja para pinchar tanta expectación desmesurada sin razón: “El Barça no necesita a Neymar en estos momentos, para qué gastar dinero”. De primeras, suena rencoroso contra el sueño faraónico de Rosell de fichar él, y sólo él, a un Balón de Oro en potencia. Sin embargo, los acólitos del cruyffismo entenderán que Neymar se vende en Brasil como un producto deluxe todavía no comparable a las primeras marcas europeas. Ejemplos como el de Robinho, cuando Florentino Pérez se encapricho dé él y los periodistas brasileños le nombraron sucesor de Pelé, demuestran que este tipo de jugadores eclipsan con ruidosas campañas de marketing, pero que en el fondo, y para entender el método, necesitan paciencia y fogueo. Así empezaron Romario y Ronaldo en el PSV Eindhoven, Rivaldo en el Deportivo y Ronaldinho en el Paris Saint Germain, Y Cruyff piensa, sin decirlo, que así debería hacerlo Neymar.

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Una respuesta a “El equipo, siempre el equipo”

  1. Marc Micaló - Limpiafondos dice:

    En mi opinión, lo que acabó con la etapa de Johan Cruyff como entrenador del Barça, precisamente, fue su propio ego. Se endiosó.
    Johan Cruyff no volverá a entrenar porqué es una persona lista y sabe que si regresara a los banquillos fracasaría estrepitosamente. Es mucho mas cómoda su condición de “gurú” sin responsabilidades y sin riesgos, haciendo la crónica del partido del domingo, con el periódico del lunes.

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