Blogs

Del Bosque, el buen estratega

vicente-del-bosque-da-instrucc_54305821056_54115221155_600_244.jpg

Confiesa que le ha cogido el tranquillo a ser personaje público, sobre todo después de recibir mil y una distinciones por haber ganado el Mundial, título de marqués incluido. Pero Vicente Del Bosque nunca ha usado su rol público para inflamar asuntos de estado, salvo cuando le tocan la fibra con su despido improcedente del Real Madrid. Sin embargo, en el primer deporte nacional de este país (el segundo es el fútbol) su nombre sigue siendo fusilado por criticones obnubilados por teorías conspirativas. La más famosa y persistente, que durará por los siglos de los siglos, dice que Del Bosque es sólo un continuista de Luis Aragonés y que cualquiera podía haber ganado títulos en el Madrid con el mensaje simplón de ‘salid y jugar como sabéis’, sin olvidar, claro, su sambenito de mal estratega. Quizás estos teóricos ignoren que el seleccionador algo hizo para lidiar con los numerosos marrones que le aparecieron desde que una tumultuosa noche de noviembre de 1999 John  Benjamin Toshack estalló contra la directiva de Lorenzo Sanz y confesó sin titubeos al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar algunas declaraciones.

Por de pronto, Del Bosque fue declarado entrenador interino del Madrid tras el despido de Toshack y con la papeleta de conjuntar a una plantilla desguazada por una lucha intestina de egos, con el de Anelka como el más flagrante. “Creo que Nicolás esta confundido, en su mundo”, espetó el entonces técnico merengue cuando le preguntaron por qué no convocó al delantero francés para un Madrid-Sevilla. Y esgrimió su razón: “Anelka no se corresponde con lo que debe ser un deportista, o sea una persona altruista que se dé a los demás. Lo que nunca puede pretender un jugador es entrenar y jugar a la carta; el fútbol es universal: se juega en corto o largo, sea en Francia o en Vallecas”. Así zanjó Del Bosque la cruzada que el fichaje más caro de la historia del club había emprendido contra directiva, entrenador y sus propios compañeros. Meses después y con el equipo pensando en el limbo en cada partido liguero, el técnico salmantino convenció a Anelka de que necesitaba su talento para tumbar al Bayern de Munich en las semifinales de Champions. Se habían llevado dos rapapolvos gordos en la fase de grupos: cuatro goles en el Bernabeu y otros tantos en Alemania. Finalmente, el efecto Anelka funcionó, pues él, y sólo él, se convirtió en la pesadilla del desafiante Kahn.

Pero durante aquella temporada Anelka no fue el único quebradero de cabeza. Con la Liga casi perdida, el Madrid afrontaba los cruces decisivos de la Champions como única salvación de la temporada. Y para más inri, el líder de la defensa, Fernando Hierro, quedaba fuera de combate por lesión. El central había eclipsado a todos y cada uno de los escuderos que le habían alineado cada domingo: Karanka, Helguera e Iván Campo ni por asomo alcanzaban el carisma de Hierro. Así que Del Bosque contempló otra solución: en vez de hacer casting de centrales, cambió el dibujo táctico colocando juntos precisamente a los tres teloneros. El experimento de los tres centrales funcionó en Old Trafford la noche del taconazo de Redondo, prosiguió contra el Bayern y alcanzó su cénit en la final de París. Entonces, Del Bosque fue declarado ‘marqués de la estrategia’. No obstante, después de una década el técnico todavía recuerda el riesgo que asumió: “Nos la jugamos con los tres centrales, si nos sale mal nos matan”, confesó a MARCA hace pocos días.

El siguiente episodio de meritocracia no tardó en llegar. Del Bosque se había ganado su continuidad, así lo entendió y anunció Florentino Pérez a su llegada a la presidencia, incluso antes de ganar las elecciones con el as de Figo en la manga. Y eso que los primeros meses fueron demasiado convulsos: una sorprendente eliminación copera ante el liliputiense Toledo, unido a la derrota en la Supercopa Europea contra Galatasaray y otro bofetón en la Intercontinental de Japón ante Boca Juniors hizo dudar al Bernabeu. Del Bosque tenía una plantilla demasiado buena como para desperdiciar tantas competiciones y, encima, el arranque liguero no había sido el esperado. A ese Madrid le faltaba gol y el remedio no lo iba a encontrar con una billetera: Guti era el elegido para jugar de delantero centro, quizá más de ‘falso nueve’ que de ariete rematador en el punto de penalti. El caso es que el madrileño llegó a quitarle la titularidad a Morientes y clavó ni más ni menos que catorce goles. Del Bosque había sacrificado los pases inverosímiles de Guti por su desconocida capacidad goleadora. Funcionó.

Los capítulos galácticos de Zidane y Ronaldo no supusieron grandes comeduras de coco para Del Bosque. Si acaso, el desliz que se le recordará al salmantino será el de haber sacrificado momentáneamente la carrera meteórica de Iker Casillas por un puñado de malos partidos. No obstante, su suplente César cuajó buenas actuaciones y, quizá, de no ser por su lesión en la final de Champions contra el Leverkusen, Casillas no habría encontrado ese punto de inflexión que relanzó su vida para siempre.

Por último, y después de un mal trago en el Besiktas, donde no detectó ni la más mínima simbiosis  con gente que entendiera el fútbol alrededor de un balón (tampoco Del Bosque se aclimató), llegó la oportunidad envenenada de sustituir a Luis Aragonés. Éste consiguió el ansiado sueño de superar todos los clichés de la selección española, ¡por fin volvíamos a ser importantes en Europa!, pero su ciclo había caducado. El legado del sucesor quedaba claro: aprovechar la mejor generación jamás habida en España. Y así lo hizo Del Bosque, no sin las presiones de la prensa. Ocurrió en Sudáfrica, después del batacazo inicial contra Suiza. El tiqui-taca murió en la defensa helvética y la opinión pública no entendió la necesidad de jugar con Busquets por detrás de Xabi Alonso. Pero el seleccionador se mantuvo firme a su convicción y siguió confiando en el azulgrana, hasta tal punto que llegó a decir que si fuera jugador le habría gustado parecerse a Busquets. De ahí a ganar el Mundial, y de Sudáfrica a la última Eurocopa, en la que sorteó la discusión del ‘falso nueve’ experimentado tácticas hasta la final, en la que España demostró que hoy día está por delante de cualquiera. Gracias, en parte, a Del Bosque.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Google
  • TwitThis
  • Facebook

Tags: , , , , , ,

Una respuesta a “Del Bosque, el buen estratega”

  1. Jaime dice:

    Cuando tienes una plantilla corta o regular, debes romperte la cabeza para situar o descolocar 11 inicial, ahí si tienes que hacer de estratega. ¿Pero Del Bosque, Guardiola, Low le hace falta eso? Mou tiene lo mismo y sí que juega a “descolocar” su once: Essien lateral derecho y Arbeloa izquierdo, Albiol medio centro defensivo…..

Deja tu respuesta