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Ronaldo soñó con la Décima

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“Si no gano la Décima ahora, no la gano nunca”. Antes que Tomás Guasch  hubo un galáctico de Florentino obsesionado con la Copa de Europa. Porque dentro de los anales de la historia, a Ronaldo Nazario, el ‘gordito’, siempre se le achacará no haber conquistado la competición de clubes con más solera: quizá su error más flagrante fue haber huido del Barça en el mejor momento de su carrera, habiendo ganado la Recopa del 97 y preparado para asombrar a Europa entera en la siguiente Champions. Pero el Inter de Milan se le quedó pequeño para sus expectaciones y la de sus representantes, que sacaron buena tajada a los italianos con un traspaso  de 4.000 millones de pesetas que José Luis Núñez no pudo frenar a tiempo. Cinco temporadas después y cansado del lastre de las lesiones, Ronaldo convenció a Florentino para ser elegido el siguiente crack de la lista después de Figo y Zidane. El presidente, prendado de él después de un Mundial sublime, le dio la última gran oportunidad de su vida: el delantero temía que su rodilla biónica se averiase en el fútbol italiano y, encima, el Madrid más faraónico de todos los tiempos le iba a regalar el último rato divertido de su carrera.

Ronaldo llegó a Madrid sin forma ni fondo y con los ligamentos de la rodilla tiritando. Fue él quien suplicó al presidente por un último voto de confianza. Florentino peleó la negociación con Moratti y bajó la inalcanzable pretensión de 80 millones a 45. Tales eran las ganas del jugador que no le molestó perdonar cuatro millones de euros por temporada. Le importaba renacer y en el horizonte un título: la ‘Décima’, sobre todo por él. Así se le confesó a la corte de recuperadores y fisioterapeutas que le acompañaron a la piscina durante sus primeras semanas en Madrid. Había fichado in extremis, casi al cierre del mercado, pero su puesto a punto iba a requerir mucha paciencia, demasiada. Ronaldo aprendió a trabajar con paciencia estoica y motivado por la final de Old Trafford (allí se proclamaría el campeón).  Le daba igual nadar cincuenta o cien largos: cualquier sacrificio merecía la pena por escuchar el himno solemne de la Champions. Dicho y casi hecho.

El Madrid se plantó en semifinales con el propósito de mantener la hegemonía del continente y reeditar un título con una foto que inmortalizarse el imperio que el presidente había levantado. La Juventus visitaba el Bernabeu y a Ronaldo se le agolpaban las entrevistas: no era el hecho de ser un experto en el Calcio, sino que esa Champions le ilusionaba a él más que a nadie. Todas sus respuestas eran un corta y pega continuo…”Quiero ganar la Champions”, “Llevo muchos años pensando en la Champions”, “Sólo hay un título que me haga el más feliz del mundo”,etc. Cualquier declaración dejaba de ser una hipérbole en boca del brasileño; al final, él mismo delataba sus terribles ansias por levantar la ‘orejuda’.

En una entrevista que Ronaldo concedió a la televisión brasileña O Globo años más tarde, desveló que sólo había llorado dos veces en el Madrid: de alegría cuando el Inter le dejó marchar al Madrid en agosto de 2002 y un puñado de meses después, cuando una lesión muscular le dejó KO durante la ida de aquellas fatídicas semifinales contra la Juve. Ronaldo se lesionó cuando su equipo ganaba 1-0 con gol suyo y apenas pudo moverse los siguientes días. Los servicios médicos planearon una recuperación a contrarreloj que no tuvo éxito y el brasileño llegó muy tocado a la vuelta de Delle Alpi. Del Bosque, consciente de que si le alineaba titular podía obsequiarle con una retirada prematura, decidió mantenerle en el banquillo por si el resultado se torcía. Y no tardó en hacerlo: Ronnie salió al rescate para intentar igualar una eliminatoria casi perdida y en un instante su eterna presencia inquietante surtió efecto: provocó un penalti que falló Figo. A partir de ese momento, el Madrid hincó la rodilla y el astro brasileño se perdió en el limbo. El sueño de la Champions se volvía una quimera. Aquella derrota marcó para siempre a Ronaldo y, por eso, en estos días, que va de conferencia en conferencia, evita contagiarse de la ‘Décima’, no vaya a ser que se torne un virus para el madridismo.

 

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