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¿Quieres jugar?, ¿quieres jugar? Brasil te va a enseñar

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Pep Guardiola explicó una vez a un empleado de comunicación del Barça su manera de sentir el miedo escénico del Bernabeu: “A diferencia del Camp Nou, que es más abierto, el Bernabeu son cuatro paredes que impresionan. Pero si aguantas los primeros diez minutos, que son fundamentales, entonces todo es más fácil”. Xavi, Iniesta, Busquets o cualquier otro compañero de Dani Alves que estuviese en la Confederaciones no le preguntó a éste cómo respiraba Maracana. Y quizá fuese un despiste importante a tenor de lo que España se encontró de bruces; no aquel Maracana del Maracanazo, con casi doscientas mil personas hacinadas en las gradas, pero sí una ‘torcida’ numerosa, ruidosa y, sobre todo, apasionada, justo lo que falta en el fútbol español. Anoche los diez minutos iniciales de los que hablaba Guardiola fueron fatídicos: en el césped Brasil salió como Mike Tyson en sus grandes veladas, obsesionado con buscar el KO rotundo sin dejar menearse al contrario, y en la grada el estadio engulló a la selección española, casi que la intimidó. Y no fue un problema de actitud, sino de maestría táctica del cuadriculado Scolari y poderío físico, pequeño detalle que España agotó en la prórroga contra Italia.

España encajó rápido y, lo peor, se fió de su inercia ganadora; quedaba demasiado partido cómo para que ese doble pivote de picapedreros formado por Paulinho y Luiz Gustavo aguantara la presión asfixiante sobre Busquets un rato más. Desgraciadamente, aguantaron y desactivaron a la columna maestra de ‘La Roja’. A partir de ahí se fueron sucediendo el resto de problemas. Con Busquets anulado, Xavi e Iniesta no rascarían balón y, por tanto, el equipo quedaría fracturado. Scolari tiró abajo el castillo de naipes español y Del Bosque, ayer nostálgico de su queridísimo doble pivote con Xabi Alonso, no supo volver a encajar las vértebras de la columna en su sitio. Sin duda, fue un partido para eruditos del fútbol, una lección táctica en toda regla: si Neymar necesitaba espacios sin el agobio de los defensas, alguien debía hacer el trabajo sucio, o sea, incordiar a Ramos y Piqué. Solución: Fred, delantero en la sombra que marca goles de nueve puro y se pelea con sus marcadores hasta desesperarles. El primer gol fue de ratón de área, muy al estilo de Raúl González. Vamos, el rol que falla en España, aunque no lo hayamos necesitado todo este tiempo.

Pero el crack del baño brasileño, y del torneo, es quien merece bastantes líneas. Por de pronto, Sandro Rosell habrá suspirado de alivio porque espanta los fantasmas de un posible efecto Robinho. Y vale que Neymar no se fogueará en un PSV Eindhoven (Romario y Ronaldo) o en un Paris Saint Germain (Ronaldinho), pero la Confederaciones ha confirmado que no necesita ese paso intermedio. Si es espabilado, que parece que lo es, aprenderá de Messi hasta mimetizar algunas de sus genialidades. Entonces ya será el súmmum de la excitación futbolística. Como muestra, el catálogo que anoche desplegó la cresta más popular de Sudamérica sirve de idea para que Sport y Mundo Deportivo lo regalen en un DVD con el periódico del domingo. Sí, es un escándalo de jugador, aunque en la final Neymar fuese la comedia y Arbeloa la tragedia. ¡Vaya contraste!

Es una derrota sin paliativos e indigna para la mejor selección del momento. Pero en España tenemos la maliciosa tendencia de hiperbolizar con nuestro fútbol y después vienen los sopapos a gran escala. Salvando las distancias, por supuesto, España goleó a Ucrania por 4-0 en el debut del Mundial de 2006 y eso creó una efervescencia en la gente que Francia nos borró de un plumazo. Hace dos semanas parecía que el mundo se acababa con la demostración de Harlem Globetrotters contra Uruguay; Maracaná se presumía como el destino final para que La Roja ganase el tan codiciado juego de tronos. Y no se trata de eso: la selección vive una época orgiástica de buen fútbol que no va a cambiar de la noche a la mañana. Incluso, la derrota tiene su lado didáctico porque España tiene margen de mejora: conquistar dentro de un año lo que anoche se escapó. Sin embargo, hasta entonces tendremos que seguir aguantando el grito unánime de Maracaná: “Quer jogar?, Quer Jogar? O Brasil vai te ensinar”. Pueso eso, que nos enseñen…de momento.

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