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Jesé necesita una buena conversación

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“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial que hay que cuidar y tenerlo controlado”, dice Florentino Pérez a su gente. El delantero canario ha batido el histórico récord goleador de Butragueño con el filial y, desde luego, no va a gastarse ninguna millonada en un Luis Suárez o Cavani que supere la voracidad de Cristiano Ronaldo; sencillamente, porque no existe. Por eso, la irrupción de Jesé recuerda al meteórico ascenso que tuvo el eterno Raúl: de juvenil a Segunda ‘B’, campeón y máximo goleador del Europeo sub-19 del año pasado y estrella en ciernes del Mundial sub-20 de Turquía durante estos días. De vez en cuando, sus declaraciones mosquean en el Madrid, como, por ejemplo, aquella confesión que hizo al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que termina de reventar en el Castilla. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en la pasada gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del debate de negados Higuaín-Benzema.

Jesé puede parecer más vehemente que inteligente cuando habla; políticamente incorrecto, reivindica para sí una oportunidad que evidencie lo que sus entrenadores huelen a la legua: que tiene madera para saltar al Bernabeu. Y sabe que la cola de sus pretendientes da la vuelta a la manzana, y todavía no ha terminado el Mundial. Él se quiere quedar, pero ha vuelto a utilizar MARCA desde Turquía como hoja de reclamaciones: “No tengo claro lo que voy a hacer”. La disyuntiva es descarada: o nadie del club ha hablado con él desde que lo hiciese el presidente, o está usando al Madrid como imán de ofertas jugosas. Su contrato acaba en 2014 y, aunque que le han dicho que renovará a la vuelta de vacaciones, no va de pardillo: si su intuición le avisa de que jugará sólo los primeros partidos de Copa, entonces buscará aventuras en otros sitios. Desde luego, los primeros síntomas no son nada certeros: a Ancelotti le pirraba Cavani, pero la operación se antojaba imposible por su desorbitado precio. Y la distancia que separa a Jesé de Benzema la ocupa, en principio, Morata, triunfador en el Europeo sub-21 reciente. Precisamente, Morata sí ha pisado banquillo demasiados partidos con el primer equipo esta temporada; Jesé no lo hará por convicción propia, tendrá que ser Zidane quien le persuada de los honores de pertenecer al club donde creció desde los catorce años.

¿Ser el número 20 y jugar diez partidos contados o golear de titular en un equipo de media tabla, que ahora mismo los hay a patadas en Primera División? Ése es el dilema que se plantea Jesé, un chaval especial que tan pronto pone patas arriba el apaciguo establishment de Valdebebas, como presume de tener la cabeza bien amueblada. Al menos, dio esa sensación en Los Angeles el verano pasado, cuando brindaba por entrenarse junto a su ídolo Cristiano Ronaldo, pero insistía que su equipo era el Castilla. El bendito problema es que Jesé apunta a número uno de su promoción mundial, por delante incluso de sus compañeros Deulofeu y Oliver, y de los franceses Kondogbia y Pogba. El madridista necesita una buena conversación con Zidane después de su Mundial, y el Madrid de ningún modo puede seguir sangrando con la fuga de talentos. Si a Florentino le gusta, que le entusiasma, Jesé jugará en el primer equipo. Es innegociable.

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