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David Villa, nombre estelar de precio vulgar

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Muy poca gente se dio cuenta de lo que Enrique Cerezo le dijo a Leo Baptistao la mañana de su presentación: “Te deseo mucha suerte, que la vas a necesitar”. Medio vacile, medio en serio, nunca se sabe cuál es su intención real, el presidente describió al ex delantero del Rayo la esencia del Atleti de forma lacónica: breve y concisa, como les gusta escribir a los poetas. Quizá embriagado por las quejas de Simeone al otro lado del Atlántico, Cerezo le mandó un recado a su director deportivo, Caminero, pidiéndole con su habitual cachondeo ”que viniese alguno más”. Es obvio que la escena no estaba teatralizada, a lo mejor Cerezo sabía de una inminente reunión de Caminero y Gil Marín en Asturias con el siguiente fichaje, pero llevaba una carga de pólvora que no ha estallado de milagro; en concreto, el de haber fichado a David Villa sin apenas dinero en metálico para pulir. Pero Gil Marín, siempre con la sospecha a cuestas por su aparente falta de liderazgo, se ha vuelto a revelar como un mago de las finanzas.

Su jugada perfecta es haber contratado a Villa como quien compra un coche con financiación leasing: una entrada y después diferentes cuotas a medida que transcurran los años. Si el Atlético le encuentra sustituto el segundo año, entonces le habrá costado 2 millones; si es el tercero, cuatro ‘kilos’ y si acaba su contrato en 2016, un milloncejo más hasta sumar esos irrisorios 5,1. Al menos, eso habrá pensado Manuel Llorente, ya desde su retiro como ex presidente del Valencia, que lo vendió al Barça en un regateo más propio del Gran Bazar por 40 millones, un P.V.P propio de un top mundial. Pero, entonces, el ’Guaje’ se había ganado el derecho a codearse en la élite después de salvar la vida a su selección dos veces en el Mundial de Sudáfrica. Sandro Rosell se fijó en él como reclamo electoral para compensar la frustración popular con Ibrahimovic y el efecto fue inmejorable: campeón de Liga y gol en la final de Wembley contra el Manchester United. Sin duda, el asturiano cuajaba bien a la vera de Leo Messi, respetando su jerarquía, por supuesto.

Pero la fatalidad truncó la rentabilidad de un fichaje que hasta año y medio después había sido increíblemente solvente. Un mal movimiento en el Mundialito de clubes de Japón le dejó sin tibia y a partir de ese instante, aparecieron los miedos de cualquier futbolista que retoza en el éxito más absoluto. La recuperación fue prolija y delicada, y a pesar de que el Camp Nou esperaba su vuelta con los brazos abiertos, el hueco por la titularidad estaba más caro que nunca con una pierna casi biónica. Esta última temporada ha sido la del ‘casi’: Villa ha recordado en Can Barça a Kluivert en su última versión: muchas ocasiones pero con la mirilla del fúsil apuntando fuera de la portería. Es ley de vida: una lesión tan grave arrastra incluso al mejor de los mejores, como le sucedió al brasileño Ronaldo en el Inter. Sin embargo, la devoción de Ronnie por el balón le brindó una segunda juventud en el Mundial de Japón y Corea; el caso de Villa y la confianza casi ciega de Del Bosque es similar. Pero Villa es Villa y Ronaldo fue de otra galaxia.

Y justo ahora, cuando la Premier le había tentado, el asturiano ha preferido la opción del Atlético, quizá por el temor de no alcanzar el ritmo vertiginoso del fútbol inglés. Tiene 31 años y,, mirando siempre de reojo a la tibia, la Liga todavía puede darle una oportunidad que culmine en Maracaná, quién sabe. Puede que ahora, liberado del hermetismo del vestuario azulgrana, sepamos el porqué de las broncas con Messi; si se centraban en un pase mal tirado o, realmente, había dosis de recelo. Pero eso es morbo. Villa ha dicho ’sí’ al Atleti porque se ve capaz de organizar mejores festines goleadores (o al menos igualarlos) que Forlán, primero, el Kun Agüero, después, y por el último el inolvidable Radamel Falcao, éste aún con la etiqueta de mejor rematador de la Tierra. De lo contrario, ningún opositor al gilifato podrá achacarle a la directiva otro dispendio absurdo. ¿Qué son cinco puñeteros millones en este mundillo? El problema no es ése, sino los 5 millones limpios de polvo y paja que cobra el delantero. Pero seguro que Gil Marín tiene otro plan estratégico.

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